Memoria oral del Barrio San Benito

Escrito por  Feb 01, 2019

Publicado por Revista Historias Contadas.

La participación ciudadana en la construcción de la historia oral de un barrio o de un territorio, desde la revista Historias Contadas (durante 15 años de existencia), ha sido valorada porque consideramos que sus habitantes son protagonistas desde su quehacer cotidiano. Es darle voz a quienes no la han tenido. En palabras de Paul Thompson: “Es la más nueva y la más antigua forma de hacer historia”.

Entre los principales conceptos de cultura en el siglo XX, tres autores expertos coinciden en una frase que justifica el presente trabajo: “La cultura es una construcción socio-histórica, es decir, es un producto de hombres y mujeres que interactúan en contextos ambientales, económicos, sociales, religiosos, políticos concretos” (Geertz, Berger y Weber).

Veamos lo que nos contaron habitantes y visitantes del barrio San Benito:

Aníbal Mejía,

Con 72 años de vivir en el barrio San Benito, nos habló sobre el pasado del barrio: “Era un barrio campestre porque solo teníamos la iglesia. El convento de Franciscanos, es donde está hoy la Universidad de San Buenaventura. Alrededor de estos existían unas casonas construidas con paredes de tapia y el resto eran mangas. Por donde está hoy la Plaza Minorista pasaba los trenes del ferrocarril de Antioquia. Esas mangas eran las preferidas de nosotros que cuando niños jugábamos fútbol y a los vaqueros. Para salir hacia el centro de donde resido hoy, que es la 56A con la 55, había que bordear la quebrada Santa Elena, hasta llegar a la iglesia La Veracruz. Para pasar por las carreras Cúcuta y Cundinamarca debíamos de pasar el puente porque la quebrada estaba destapada.

El barrio era muy tranquilo, todos los residentes nos conocíamos. En ese entonces existió el Instituto Popular de cultura donde estudiamos muchos muchachos del barrio. Estaba la escuela Francisco José de Caldas, en la calle Boyacá entre la 56 y la 56 A.

Los pocos niños que vivíamos en el barrio, en las navidades nos disfrazábamos de pastores y hacíamos la novena a las 6 de la noche, con procesión por la calle. Los globos que elevábamos se convertía en una confraternidad, algo que fue cambiando con los años. Fue una infancia agradable, tranquila e inocente.

Me tocó el caballo que salía en las noches, nos decían los padres que no saliéramos en las noches porque salía el caballo a toda velocidad que hacía resbalar los cascos en las piedras de la calle Boyacá.

Una leyenda muy recordada era el tigre que salía de las mangas cerca al río y se iba por la calle Alameda (hoy calle Colombia) por donde se salía al occidente a otra banda.

Clodomiro era el que ordeñaba las vacas, pasaba por los barrios, nos vendía la leche. El agua la sacaba con una bomba manual.

En la escuela Francisco Antonio Zea, que quedaba en Ayacucho, junto a los Salesianos, donde yo estudié nos sacaban a paseo los miércoles por la calle Alameda pasando el puente de Otrabanda, hasta llegar a las mangas donde hoy está el Éxito, donde había guayabales. Los sábados y domingos desde las 4, en las mañanas, la iglesia se llenaba de turistas, pescadores y cazadores que iban a coger el tren, en la Estación Villa, que pasaba a las 6 de la mañana.

En el barrio existió una coral formada por la familia Bravo Márquez, el papá era José María Bravo Márquez, quien amenizaba todas las novenas de navidad y en la Semana Santa.

Mi mamá nos llevaba a mercar con canastas a la plaza de El Pedrero, en Guayaquil, pero ya existían vías y nos traía en taxi. Algunas veces salíamos de estudiar y pasábamos algunas noches por Guayaquil.

La tienda de don Sacramento estuvo en la esquina de la calle Boyacá con la 56C, allá conseguíamos todos los víveres. Después se convirtió en cantina. De la escuela Franciso Antonio Zea una cuadra hacía arriba llegando a Cundinamarca existía una casa vieja. Uno se conseguía un tronco de palo de guayaba, se lo llevábamos allá a las Canutas, hijas de don Canuto, con el torno lo convertían en un trompo. Ese era el programa de salida de la escuela”.

Leonardo Correa:

“En la calle Boyacá, fue la residencia de la mayoría de los ingenieros belgas y Alemanes, también estuvo la casa del benefactor del primer peculado que tuvo el país, Francisco Antonio Zea llamado héroe.

En el barrio San Benito hubo la primera embotelladora de Coca-Cola, y pasando el puente del Sena quedaba los talleres del tranvía municipal (el cobertizo). Historia patria.

En las horas de la tarde en el tren de las 6, llegaban todos los pescadores, todos borrachos y diciendo que se le había ido una sabaleta y al otro un venado. El primer taller de artes gráficas que existió en el barrio San Benito fue del periódico El Obrero Católico que estuvo ubicado en un convento en la Plazuela de Zea. Imprimían un periódico semanal”.

Ernesto López:

“Fui becado en el Instituto Salesiano Pedro Justo Berrío en el cual estudié en el año 1952. Fue una escuela donde enseñaban tipografía en el barrio San Benito. En el año 1956 salí graduado como tipógrafo experto.

Mi primer trabajo fue cerca de Ayacucho con Tenerife (barrio San Benito), en la tipografía Sánchez. Desde entonces comencé a conocer las calles y los alrededores. Me tocó conocer cuando la calle San Juan era parte de El Pedrero y plaza de mercado Cisneros, muy cerca al barrio San Benito. Ahí cuadraban los buses de escalera.

Cuando yo tenía 10 años, el transporte para Medellín desde el municipio de Santo Domingo salía a las 7 de la mañana, en un bus de escalera bajábamos hasta la estación Santiago (del Ferrocarril de Antioquia). De allí, esperar el tren que era llamado mixto, porque transportaba carga y pasajeros. Desde la estación Santiago hasta Medellín habían siete u ocho horas. Las últimas dos estaciones eran Estación Villa en el barrio San Benito y Estación Medellín al frente de la Plaza Cisneros. Hoy, el recorrido desde Santo Domingo a Medellín, dura dos horas en bus.

Cuando yo estudié en el Pedro Justo Berrío, con los Salesianos, en el barrio San Benito, existía al lado un dormitorio que lo llamábamos de los chinches. Era para niños de la calle, obra social de los Salesianos. Donde yo estudié enseñaban mecánica, ebanistería, carpintería, sastrería, encuadernación, fotograbado y tipografía. Eran 6 talleres diferentes y al final enseñaron litografía. El colegio estaba donde está hoy el comando de policía La Candelaria (en el barrio San Benito)”.

Héctor CastriLLÓn:

“Sumamente complacido de estar acá en mi barrio, y digo mi barrio porque estuve de niño y de adolescente. Nos vestíamos de pastorcitos para venir a los pesebres y hacíamos el rosario de la aurora, porque mi abuela era muy religiosa. A las 5 de mañana madrugábamos rezando y cantando.

La Estación Villa, aquí en el barrio San Benito, quedaba donde está hoy la plaza Minorista. Coriolano Amador fue quien compró el lote para la plaza de mercado El Pedrero que era donde íbamos los pobres a comprar el bultico de lo que agarre por 100 pesos.

Mi papá fue Raúl Castrillón, periodista director del periódico El Obrero Católico que tuvo sus talleres en el barrio San Benito. En la carrera Ayapel con Colombia, Francisco Madrid tuvo un taller de pintura y allí trabajé desde niño. Al teatro Alameda en el barrio San Benito fuimos a ver las primeras películas. Yo hice parte de la Jufran, Juventud Franciscana, un grupo de muchachos que nos integramos. El personaje más reconocido fue José María Bravo Márquez, fundador del orfeón antioqueño, padre de la polifonía en Medellín, que vivió en la calle Boyacá con Salamina y murió en 1952 en una Semana Santa en Apía, Cundinamarca”.

Nelson Arango:

“Soy arquitecto, profesor de arte y cultura e historia de la Universidad de San Buenaventura.

La historia es la gran falacia y la gran mentira, porque nos la cuentan fraccionada, nos cuentan en pedacitos y cada uno de acuerdo a su propia iniciativa a su propio recorderis va planteando cosas. He escuchado una cantidad de cosas descoordinadas y no voy a entrar en detalles.  

Aquí donde estamos sentados es un cementerio. Este era el cementerio del convento de San Benito, el primer santo negro, hermano lego…

El barrio San Benito real se nos perdió porque hemos permitido que se construyan muchas cosas. La primera fue la Minorista de Medellín…

Nos destruyeron una cosa sagrada para nosotros los de la Universidad Nacional, el gran humedal que había en el cruce de la línea del ferrocarril y la autopista. Lo destruyeron de un acuerdo municipal nefasto.

El barrio tuvo cosas importantes. Donde está la urbanización Maitamá existió una de las primeras fábricas textiles de la zona que se llamaba Esmeralda.

Soy egresado del colegio Fray Rafael de la Serna, ya desaparecido para darle ampliación a la Universidad de San Buenaventura.

Pertenecí al último consejo directivo y nos opusimos a que desapareciera, porque ya habíamos hecho un excelente convenio para que muchos de los estudiantes del barrio San Benito se quedaran con sus familias viviendo acá. De tal forma que ha habido muchas cosas que nos han robado abiertamente. El barrio San Benito jamás se va a recuperar. Conozco tres planes que planteó la Universidad de Antioquia de restauración de toda la zona de San Benito. Pero no se van a hacer. Se está planeando en el Plan de Ordenamiento Territorial. Esa parte frontal de la universidad desaparecería toda, lo cual es imposible porque el comercio lo absorbió. No se va a tener capital con qué comprar. En San Benito todavía viven algunas familias. Yo vivo en San Benito y nosotros no nos vamos a oponer a que desaparezca o a que aparezca. Simplemente nos vamos a resignar que el paso de los años vaya destruyendo. Hay un proyecto que si me gustaría que llegara: es la unión entre el Museo de Antioquia, su parqueadero, la cuadra alterna y la que sigue; comprarían todas las propiedades y las unirían con un parque hacia el Francisco Antonio Zea. No se ha podido hacer la intervención porque hay un cementerio indígena en esa zona.

Yo pienso que las instituciones educativas no deben estar en zonas deprimidas como estas. San Benito se nos convirtió en la peor olla y venta de droga que tenemos en este momento, que el inepto de alcalde que tenemos no ha podido subsanar. Él creyó que con venir hacer presencia en el desplazamiento de todos los habitantes de calle que estaban sobre la Avenida de la República ya había hecho su labor. Mucha televisión, mucho registro. Se vino, lo registró y todas estas cosas. Pero nos dejó el problema, hoy en día, tenemos la placita de Zea convertida en un sanitario público. Nuestros estudiantes están comprando drogas aquí al lado. Digo nuestros estudiantes porque fueron estudiantes de San Buenaventura. Ellos no son inocuos al manejo de la droga. Pero volviendo al San Benito, me interesa   corroborar otras cosas. Todas esas universidades a su alrededor tienen sus núcleos de atención.

La iglesia de san Benito para mí es un templo que es supremamente importante porque es una de las últimas obras que yo intervine como restaurador. Limpiamos la fachada de ese pegote que le habían colocado, los colores inmundos que tenía por dentro y logramos volverlo un templo importante de la ciudad de Medellín. San Benito tenia plazoleta, hoy la logré recuperar, tengo tres árboles sembrados para recuperar la plazoleta de san Benito. Nosotros estamos implementando otras cosas, por fuera de la junta de la acción comunal y queremos combinarlas con la juntas de la acción comunal, pero siento que la junta de acción comunal todavía no ha tenido eso específico para poderse apersonar de esto...”

 

PLAZA MINORISTA

Luis Guillermo Álvarez Durán:

“Trabajo en la Plaza Minorista desde su inauguración. Me tocó toda la historia de El Pedrero porque llegué a trabajar desde 1972, cuando recién se había quemado la plaza que fue cuando salieron las plazas satélites en los barrios La América, Guayabal, Campo Valdés, Castilla. En esa época se inicia El Pedrero. Empezamos a trabajar en las calles, en los alrededores de la plaza de Cisneros, en la calle Amador y la carrera Cundinamarca y el espacio de la calle Díaz Granados. Allí estaban las carnicerías La Boina Roja y la Distribuidora de Carnes.

Se inician problemas de orden público porque no se quería que la plaza estuviese en ese sector. Y se fue dando. A partir de 1978 la Administración Municipal inicia el proyecto de construir el Centro Administrativo La Alpujarra. El Pedrero era algo muy feo para ellos. La Alcaldía empezó con arbitrariedades en contra de los que trabajábamos allá. Empezaron a abrir unas brechas alrededor para que nadie llegara allá y dejaron de recoger las basuras. Se volvió problema de contaminación y de salubridad. Nos acercamos a la Alcaldía con varios sindicatos que protegían a los comerciantes. En las conversaciones se dijo conseguir un espacio para el traslado. Los primeros espacios estaban en las afueras de la ciudad. Los sindicatos dijeron que tenía que continuar en el centro. Cada persona se comprometió a llevar un bulto de basura y depositarlo donde hoy está la gobernación de Antioquia. Con el tiempo se negoció el lote donde hoy está la Plaza Minorista y se inició la construcción en 1981. En 1982 se realizan unas marchas porque estaba muy demorada la construcción. La marcha grande fue el 15 de agosto de 1984, donde nos trasladaron de la plaza El Pedrero a la Minorista. Yo sé que eso ha afectado el barrio, porque he estado en todo el proceso de la plaza y del barrio. Los bares se trasladaron a este sector. La Minorista se inicia desde 1984 donde he trabajado como comerciante y desde el 2001 trabajo como empleado de Coomerca.

Con la ley 142 se le dice a las empresas del estado que no pueden administrar sino un solo bien. Se crea la cooperativa porque la plaza fue administrada por Empresas Varias de Medellín, que se queda solo con la recolección de basuras.

En esa época fuimos asesorados por las Naciones Unidas. A raíz de los problemas de seguridad ya teníamos un comité de comerciantes y creamos una precooperativa Coomerca y luego de 5 años se convierte en cooperativa. Desde el 2 de enero de 1998, Coomerca administra la Plaza Minorista”.

Bernardo Vásquez BenJumea

“Soy cofundador de la Escuela Nacional Sindical situada en la calle Boyacá, barrio San Benito. Tenemos dos edificios y viví diez años en este barrio. Ahí, en esta parte del barrio en el edificio Aristizábal. Teníamos atracador propio, ahí en esas habitaciones, conocí este barrio. Yo nací en el 50 y en el 53 mi madre nos traía donde los parientes de ella que vivían en este barrio. Barrio de casonas grandes y de ventanas en madera torneados, que belleza esas típicas viviendas. Hoy en día está destrozado el 70 por ciento del barrio. Cómo les parece que en este momento existen tres edificaciones sin licencia de construcción. Es un adefesio frente a la ley, el implementar el desarrollo a costa de sacar al ciudadano habitante del barrio. Nos tenemos que poner las pilas, yo no soy de la acción comunal pero Carlos Cadavid que es socio conmigo en la escuela, yo estoy muy cerca de él y brindo también asesorías. Nosotros manejamos comité cívico a nivel nacional y hacemos algo por las comunidades a nivel nacional. Me parece muy importante que la gente traiga otro como afiliado a la acción comunal. Lo que decía el profesor: la acción comunal en este momento está muy muy débil, tenemos que fortificar la acción comunal si queremos fortificar el estar aquí con nuestro pensamiento en el futuro para defender el barrio”.

Carlos Mario Isaza:

“El nombre del barrio San Benito viene de un franciscano. De ahí hablamos de Medellín y nos remontamos al barrio San Benito en memoria del primer santo negro franciscano, San Benito de Palermo.

Nací en el barrio San Benito, estudié en la universidad San Buenaventura y en el colegio Fray Rafael de la Serna que fue fundado por un franciscano.

Desde los 7 años iba a mercar en costales a Guayaquil. Veíamos a unas muchachas de 4 en conducta, claro que uno seguidor de San Francisco de Asís no nos podíamos quedar por allá”.

 


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