Rasgos y memorias

Escrito por  Mar 14, 2018

Nuestra capacidad de recordar algo, de sentirlo o aprobarlo, aunque no en todas las ocasiones sea lo más evidente, es bastante trivial a la hora de valorar una obra de arte. Incluso, la emoción que se llega a sentir ante ella podría describirse como la intensa antelación de un recuerdo futuro. ¿Qué es lo que se recuerda? Un contraste fuerte, un estilo intenso, una textura nueva o antigua, ese placer poderoso, alguna herida o algún odio, un aroma, una contrariedad no del todo asimilable, un rasgo súbito, una personalidad bien o mal definida, o quizá sea más exacto decir: acordes inesperados y mixtas de todo lo anterior.

Por su parte, las ideas, los criterios y los conceptos –que son apenas ideas de foco restringido– tienen un poder de reputación claro más allá de los contextos artísticos. Estos en últimas tratan de componentes y materias decisivas para la vida de las personas, así a veces el discurso que los contiene no esté unido en apariencia a la praxis. Para citar un ejemplo, los filósofos de la Ilustración se pasaron la vida usando ideas y conceptos con el fin de decirnos cómo se puede vivir en sociedad sin recurrir a las guerras tribales y a las prácticas absolutistas.

Se bifurca de todo esto un ambiente problemático para el arte contemporáneo: Nombrar una obra de arte por los conceptos unidos a ella es de lo más difícil. Los conceptos, abstractos por definición, entran en una lucha por liberarse del contexto específico en el que nacieron, de modo que cuando alguien intenta ligarlos a ese contexto pierden claridad y se debilitan. No están hechos para sobrevivir en un ambiente tan fugaz y eternamente transitorio.

CasaMuseoPedroNelGomez01 opPor eso no nos debería sorprender que los conceptos ejercieran un papel muy subordinado en el arte plástico. Pero entonces llegó un humorista genial, Pedro Nel Gómez, y les abrió la puerta, para luego dedicar el resto de su vida a la arquitectura. ¿Cambiaron los conceptos de naturaleza sólo porque él logró hacerlos funcionar temporalmen­te en contra de su naturaleza? Para nada. La obra de Pedro Nel pronto se volvió un gran lingote de obras urbanísticas y frescos de la República, y detrás entró la gran industria de los intelectuales del arte, que decidieron acaparar los puestos y los presupuestos disponibles. Dado el golpe de Estado a la poco conceptual tradición artística de la época, los curadores coronaron Los Murales del Olvido, el Concepto, y se dedicaron a la vida poltrona, observando todo lo que el Maestro traería para enseñarnos desde Europa, que personalmente pienso, Pedro que Gran Hombre.

Pero hay algo muy crucial en los Artistas del día de hoy, y nada de ello sería tan grave si este arte del concepto por el concepto no tuviera una vocación. ¿Cuántas personas saben que es una verdadera obra? ¿O si sabrían valorarla? Si caminan las calles de nuestro centro que es el ala del Patrimonio Artístico sin entender si quiera lo que se ve, como podrían describir la magna estructura del Hotel Nutibara si están desperdigados en el modernismo, ¿O quién habita tras un rasgo fuerte y definido? pero si los autores de las obras fueran desconocidos, el juicio crítico sería mucho más libre y objetivo; no estaría vinculado por cautelas ni estaría condicionado por las opiniones precedentes y si sabemos que tal página o tal obra es de un genio, nos vemos forzados a atribuirles significados que en realidad no tienen, y esto vale no solamente para los genios, sino para cualquier nombre que goce de cierta notoriedad, el anonimato podría poner fin, a esos desvaríos vanidosos que se desencadenan entre los artistas y los escritores, y que se reflejan en mezquindades, pequeñeces y rivalidades muy a menudo más indecorosas, en el plano humano, que las que envenenan las relaciones entre otros gremios y categorías; que asfixia lo que no se le parece, y si no fuera porque muchos de los que no somos cortesanos nos aburrimos, y en realidad salimos y nos dejamos llevar por la calle Girardot, la Avenida Oriental o la Playa, con un dejo de sorpresa en la mirada, con deseos y ansias nuevas, así llegamos a las paredes, esculturas y demás ornamentos de la urbanidad mezclados entre edificios nuevos y el patrimonio, nos llegamos a sorprender, alegrar, nos llenamos de momentos mientras nuestra capacidad de recordar nos va enseñando a habitar entre las obras de esta grandiosa ciudad.

Por: Verónica Vergara González. DAMN NORMA.

.: Publicidad :.

Facebook