Si uno quisiera una buena demostración de lo bueno que podría llegar a ser el Arte, ningún lugar puede ser mejor que el Centro de la Ciudad, que constantemente se reinventa y anuncia la presencia de una gran masa de novedades, eventos, exposiciones, casi todas ellas testimonio vívido de la medida en que el visitante conozca y el dueño del lugar tenga o no tenga la menor idea de lo que exhibe.

La obra Callejera es supremamente fuerte, todos estos tags siempre mostrando su cara agresiva o tierna, en ocasiones hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni del cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección de Muros sin nombre del centro de Medellín….

¿Qué importancia podría tener atribuirles a aquellas manos creadoras un nombre perdido? Los niños, cuando alguien les lee un libro, casi nunca piensan que detrás de esa historia que los atrapa haya un autor; la oyen y se apropian de ella como si la historia se hiciera sola y como si el espíritu del cuento fuera un viento que trae cosas, sonidos y palabras recogidos por la calle.

Los artistas modernos, en especial los vanguardistas, se entregaron a la imposible tarea de empaparse de modernidad renunciando, al mismo tiempo, a la sociedad de su época. Todos ellos rechazaron la tradición y buscaron nuevos horizontes morales. Esto fue lo que los hizo modernos. Odiaron el estilo de vida occidental, sus academias, su capitalismo, su burguesía y la monótona rutina que desecaba el espíritu y sumía en la apatía.

En estas calles, el transeúnte se enfrenta a obras que, al ilustrar con transparencia la nadería, la estulticia y el menosprecio por el talento y el sentido común, se convierten en las peores enemigas de la corriente que representan. Sin entrar en causticas que no tienen nada que ver con las obras sobre las que se discute, sin generalizar a partir de las excepciones afortunadas y sin acudir al auxilio de Foucault y Deleuze para refutar lo que salta a la vista; hemos sentido alguna vez en una galería de arte contemporáneo: el sinsabor de que cualquiera podría hacer "eso", el fastidio ante la retórica que pretende darle peso al vacío, y el deseo de tomar una escoba y un par de bolsas negras para completar una obra inconclusa. 

Tal vez, a la hora de la verdad, el hombre es apenas un marchante del montón, no demasiado brillante, que ni tiene ni se ha ganado el derecho a imponer un gusto en el territorio del modernismo tardío. Su ejercicio de mitificación ha sido apenas una carrera en un callejón sin salida.

Por Verónica Vergara González DAMN NORMA

Desde El Poblado hasta Niquía, desde Robledo hasta Santo Domingo, los semáforos o “faros” de Medellín están siendo invadidos por una clase muy singular de inmigrantes: con franelas vinotinto y tenis a la moda, decenas de jóvenes venezolanos bailan, saltan, gritan al ritmo de la música.

La difícil situación de miles de venezolanos se ha traducido en una de las migraciones más importantes en América Latina de los últimos tiempos. Los venezolanos en Medellín ya se cuentan por centenas, quizás por millares. Algunos tienen un don especial: el baile urbano por excelencia, el B-boy.

 MG 4146Son auténticos acróbatas: algunos fueron tan destacados que en la era dorada del chavismo representaron a su país en importantes competencias de Break-dance en países como Francia y España. Hoy hacen shows callejeros en los semáforos y en pasajes peatonales como Carabobo y Junín, también en el Parque de Bolívar, El Parque Lleras y el Parque de Bello.

Su arte es algo diferente para ver, pues son más bien pocos los colectivos locales de danza callejera, aunque por su puesto existen los Colectivos de Parkour Aurora y un puñado más de colectivos de afrodescendientes que le ponen ritmo a la Navidad en la Avenida La Playa.

Muchos de los bailarines venezolanos radicados en Medellín viven en pensiones y hoteles del centro, donde conviven con artesanos, obreros, prostitutas y toda clase de gente humilde del centro de Medellín. A veces se juntan de a 3 o 4 y hacen presentaciones en los semáforos, y el fin de semana, se juntan más, hasta 10 bailarines, y hacen shows más complejos en sitios de alta afluencia de público.

El B-boy callejero es un trabajo duro y se gana poco en comparación a lo que gana un bailarín de espectáculo, como los que acompañan con su baile a los cantantes de reguetón. Si no les va tan mal, logran recoger quince o veinte mil pesos para casa uno después de 9 o 10 shows de baile.

Al final del día los B-boy quedan extenuados, a veces con moretones en los codos, las rodillas y la cara. Además, las manos les quedan negras por el asfalto y llenas de ampollas. Y todavía queda caminar o pedalear hasta la pensión, con un parlante pesado a cuestas, para después contar todo el dinero y repartirlo por partes iguales para cada uno de los bailarines.

La explosión de baile de Venezuela no es solo en Medellín. Hay B-boy y B-girls venezolanos (este baile no distingue géneros) en Cartagena, Santa Marta, Cali y Bogotá. Muchos otros han viajado incluso más lejos: Quito, Guayaquil, Lima, La Paz y Buenos Aires. Todo un movimiento.

En nuestra ciudad, uno de los colectivos más sólidos es Antimotin, quienes llevan más de un año consolidando un grupo, un concepto y un show. Si quieres saber más de ellos visita su Instagram @antimotincrew o escríbeles a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

Por Agustín Patiño

Desde hace casi cuatro años, cientos de comerciantes del sector de Los Puentes se asentaron debajo del viaducto del Metro y construyeron un auténtico mercado al aire libre donde hoy se pueden encontrar prendas de segunda, electrodomésticos, herramientas de albañilería, bicicletas, muebles y hasta barberías improvisadas.

En uno de los costados de la Estación Prado hay un grupo de jóvenes, todos con la piel morena, que se arremolinan alrededor de una extensión naranja. En ella, cada uno pega un multitoma y en él conectan parlantes y máquinas de barbería. Se trata de una barbería improvisada en plena calle, donde se ofrecen servicios desde dos mil pesos (un corte rápido y parejo con la cero) hasta doce mil pesos y más, cuando la motilada viene con algún diseño tribal y pulida de la barba.

Este colectivo de barbería, como podría llamársele, fue fundado por “Yonti” y “Yosti”, dos jóvenes barberos de Apartadó, quienes han reunido junto a ellos a una importante colonia de gente joven del Úrabá. “Nosotros no somos de acá, si vemos a algún paisano en la calle, gente que conocimos allá en los barrios de Apartadó, pues intentamos ayudarle, acá le enseñamos de barbería y le dejamos ganarse sus clientes, eso sí, desde que quieran y le pongan empeño”, dicen.

La gente que viene a motilarse es bastante diversa: niños, hombres y mujeres afro, albañiles, pintores, malabaristas, lesbianas. Todo aquel que quiera un corte con máquina a la moda. “Nosotros no discriminamos, aquí viene todo tipo de gente, hasta los que uno sabe que andan en malos pasos, pero igual son gente y son clientes, nosotros miramos lo bueno, no queremos ver solo lo malo”, aseguran.

 MG 7794 copiaEntre cliente y cliente, Óscar Ruiz, uno de los aprendices de barbería, pone a sonar su equipo de sonido con todo tipo de música caribeña: reggae, champeta y reguetón. El ritmo fuerte invade a todo Prado y la sangre del Úrabá se prende: los barberos empiezan a bailar, a hacer coreografías improvisadas y a echarse chistes entre sí.

“Desde los 12 años yo ando en la calle”, dice Oscar. “Por aquí ya me conocen, nadie me molesta, ni la policía. Eso es lo bueno de ser trabajador. Yo trabajo todos los días, domingos y festivos. Mi descanso es la barbería, mi sueño es tener mi propio local”, confiesa mientras le arregla el corte a Felipe Castaño, un mecánico del centro que había pasado toda la mañana entre latas y aceite de motor.

“¿Cuánto le cobraste al malabarista?”, le preguntan a Óscar. “¿Otra vez trabajando por dos mil?” “No”, replica él, “Me dio cuatro mil quinientos”. Mientras discuten empiezan a caer gruesas gotas de agua. “Recojan todos que está lloviendo”. La Barbería La Calle, con aprendices de todo el Urabá, se levanta rápida como el rayo. “Ese es el único problema”, dice Oscar, “Cuando llueve no podemos trabajar y todavía me falta para conseguirme lo de la pieza”.

El centro de una ciudad es su corazón: punto de encuentro obligado para viejos y jóvenes, pobres y ricos, trabajadores y vagos. Todos ellos son la ciudad, Medellín, la blanca, la negra y la india. 

Por Agustín Patiño

En el marco de la campaña de seguridad “Medellín cuenta conmigo”, se realizaron tres microhistorias de habitantes de la comuna 10, historias reales de personajes con un pasado duro lleno de tropiezos. La primera historia toca la vida de Fabián, un joven proveniente de Puerto Berrio Antioquia que se suma a las víctimas de la calle y la delincuencia. 

Este joven crece con limitaciones físicas producto de su esquizofrenia y un problema en uno de sus ojos, sin embargo, enamorado del campo y del trabajo que allí se desarrolla transcurre su infancia, su adolescencia y parte de su juventud; hasta que sede al influjo de las drogas. Al principio cuenta Fabián que era muy divertido, socializaba con mucha gente y todo marchaba bien, al cabo del tiempo todo empezó a cambiar, su cuerpo le empezó a pasar factura por el abuso, su enfermedad empeoró y no tenía dinero para sostener el consumo.

Decidió acercarse a los malos pasos que lo llevo a otras problemáticas aún más complejas, las que lo obligan a salir de Puerto Berrio Antioquia para llegar a Medellín, una ciudad desconocida para él.

Con poco dinero trata de conseguir donde quedarse, los primeros días todo andaba bien, pero al ser víctima de robo en el lugar donde habitaba todo se complejizó ya que al perder el poco dinero que tenía, no pudo pagar el hotel donde se estaba quedando ni comer.

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Esta dura situación deriva en tener que dormir en la calle por varios días, sin embargo, no desistió en su empeño de conseguir empleo y logró un trabajo temporal con el cual se sostuvo un tiempo, en busca de un futuro mejor da con unos talleres de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, en ese lugar encuentra apoyo, cariño ese tan esquivo para él en los últimos meses, esto le da fuerza para estar mejor, ahora sigue en la búsqueda de oportunidades que le permitan sostenerse en Medellín de manera digna.

Esta historia hace parte de la serie de Microhistorias “A pesar del pasado” las cuales involucran a otros dos personajes que, a pesar de caer en situaciones complejas de la existencia, gracias a su lucha, determinación, cambio en la toma de decisiones y también al apoyo de programas de la alcaldía de Medellín han logrado cambiar sus condiciones de vida.

Las tres microhistorias se van a socializar el 15 de noviembre en el Teatro Porfirio Barbab Jacob a las 5:30 de la tarde.

Este proyecto hace parte de una campaña de la Secretaría de Seguridad, y Convivencia de la Alcaldía de Medellín, que busca impactar en la historia de vida de muchos jóvenes de nuestra ciudad, potenciando la empatía, la toma adecuada de decisiones y que estos jóvenes se den cuenta que hay otros caminos y oportunidades que pueden aprovechar, que la legalidad es importante, que te abre puertas para estudiar y trabajar.

La idea es que esta iniciativa no se quede solo en la presentación de las historias, es poder llevar estos ejemplos de vida a muchas personas, con capacitaciones y sobretodo tratado de llegar al corazón de estos muchachos que necesitan darse cuenta que el mundo es mucho más que el contexto en el que crecieron, es una manera de apostarle al futuro y a una sociedad sostenible.

Por Diego Alejandro Restrepo Urquijo

El pasado 12 de octubre en la mañana, la concejal Daniela Maturana Agudelo, del Movimiento Creemos, dio apertura en el hall del Concejo de Medellín a la exposición “Voces”.

Una muestra artística realizada por niños, niñas y adolescentes en procesos de protección y restablecimiento de sus derechos a través de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, que participan en los talleres de Artes Plásticas y Terapia del Centro de Diagnóstico y Derivación.

La concejal Daniela Maturana Agudelo, promotora de la exposición, manifestó que “Voces” es la representación de cómo ven el mundo estos menores y expresan sus posturas frente a la vida, es la posibilidad de conocer sus sueños y sus planes de vida, me alegra mucho tenerlos aquí porque son personas que sueñan con viajar, ser profesionales y hacer realidad sus proyectos de vida.

Todos los artistas son niños y niñas con grandes capacidades a los que agradezco por compartirnos su talento, sus sueños y sus emociones; me siento muy honrada de que hoy nos estén acompañando y nos enseñen un poco de su arte, puntualizó la concejal Maturana.

La muestra artística estará exhibida en el Concejo de Medellín hasta el 31 de octubre. 

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Dos jóvenes beneficiadas de las Becas de Educación Superior con recursos de presupuesto participativo de la comuna 10 La Candelaria hablan de su experiencia, desde su largo proceso de ingreso hasta la continuidad y el cumplimiento oportuno para el pago de cada semestre.

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Una propuesta radial de la estrategia digital de comuna10.com

 

 

 

Jóvenes de la comuna 10 hablan en relación a la participación... "puede ser que no hay difusión suficiente". Piden empoderamiento para la apropiación de lo público, que se les convoque más allá de las becas de educación superior. Entre sus propuestas está la inclusión desde la edad infnatil para apropiarse del tema cultural y convocarles desde los medios de comunicación. 

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Aún hay cupos en el programa Formando Talento para jóvenes entre los 16 y 28 años de edad. Que ni estudian, ni trabajan

Que vivan en Medellín. Que hayan aprobado mínimo 9° grado

Los jóvenes tienen estudio corto gratuito y elegir la opción con la que más se identifique, asi:

• Empleo: Cursos cortos: 40 horas en competencias claves y transversales y 60 horas en competencias específicas, y la posibilidad de vinculación laboral. Al final de la formación se entregará un bono de $100.000 en ropa, para asistir a la primera entrevista

• Emprendimiento: Cursos cortos para montar un negocio: 60 horas de modelo de negocio y la posibilidad de 50 horas en competencias específicas. Al finalizar la formación se entregará un auxilio al emprendimiento y autoempleo de $250.000, para los insumos de su idea de negocio

• Formación: Cursos cortos de cualificación: 40 horas en competencias en competencias claves y transversales y la posibilidad de obtener becas para terminar el bachillerato o realizar una técnica laboral.

Para inscribirse solo tienen que ingresar a:www.medellin.gov.co

Hasta el 4 de octubre está abierta la convocatoria para jóvenes que desean obtener beca para estudiar en el ITM, El Colegio Mayor de Antioquia o Pascual Bravo, que residan en las comunas 1,2,3,4,5,6,7,8,9,13 y los 5 corregimientos

Más información en http://www.sapiencia.gov.co/

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