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Publicado por: Periódico Centrópolis (Ver artículo)

Por: Giuseppe Restrepo

 

A veces, al caminar el centro, el afán esconde de nuestros ojos y oídos grandes placeres. Levante la mirada, agudice sus oídos, el centro está lleno de encantadores talentos.

Entre el bullicio de los carros, los vendedores que promocionan sus productos y demás ruidos inherentes a la zona más transitada de Medellín, se pueden encontrar oasis sonoros, músicos de todas las edades, con variedad de instrumentos y diversidad de géneros musicales, que con su arte buscan ganarse el sustento, a la vez que rompen con notas musicales la rutina estridente de la metrópoli paisa.

Edwin Ossa y Héctor Bravo: con un género no muy común en nuestra ciudad y gracias a los sonidos del arpa y el cuatro, estos venezolanos llegan al Parque Berrio a demostrar un poco de su cultura musical a través de la música Llanera.
Lugar: Parque Berrio


Luis Hernández: desde hace solo un par de meses, cuando su esposa pudo regalarle la guitarra, Luis Hernández trabaja como músico en la calle. Antes se dedicaba a vender audífonos y otros artículos, pero con la música se siente más a gusto y le va mejor. “Hotel California” le pide alguien, “Esa no la tengo, solo instrumentales” y empieza con Moonflower de Santana.
Lugar: Carabobo con Pichincha, Carrera 52 con Calle 48.


Parranda: El Parque Berrio, ese céntrico lugar, referente para el encuentro, es sitio ya tradicional desde hace muchos años para la música popular. Allí, los sábados, la guasca y la carranga congregan a gran cantidad de personas, de la tercera edad en su mayoría, que atienden el llamado del baile y la parranda.
Lugar: Parque Berrio

 


 

Rafael Cuervo: Mientras la mayoría de la gente pasa de afán por la zona, algunos se paran para darle un par de monedas. Él continúa con sus canciones: música “vieja”, como se conoce. Ni un poco de lluvia lo detiene.
Lugar: Carabobo con Maturín.

 

 


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Publicado por: Periódico Centrópolis (Ver artículo)

 

La comuna 10 recoge la oferta más grande de teatros que tiene Medellín. Visitantes de toda la ciudad pueden disfrutar obras de diferentes géneros, con tarifas accesibles.

 

La noche trae a la vida a los teatros del centro de Medellín. Mientras que la caída del sol indica para muchos recoger puestos callejeros o cerrar vidrieras y bodegas, para actores y actrices es solo la señal de que la puesta en escena de su obra de temporada está cada vez más cerca. Asimismo, mientras ellos pintan sus caras y acomodan el escenario, los visitantes van llegando de a poco. Antes de que la obra comience, se sientan en restaurantes y cafeterías aledañas, allí tienen la oportunidad de conversar con el director en una tertulia previa a la función.

“Mi experiencia yendo a teatro al centro ha sido siempre muy grata porque he podido ver obras de muy alta calidad con aporte voluntario. Creo que este método atrae público muy variado, de todos lados de la ciudad. Me parecen muy valiosos los espacios de conversación y debate que se dan con el director o actores antes de la obra, y son de muy fácil acceso por las diferentes rutas de bus y Metro que tienen”, afirma Emmanuel Villa, un joven visitante que frecuenta estos espacios desde hace seis años.

El teatro Elemental está ubicado en la carrera 42 con la avenida San Juan, cercano a las Torres de Bomboná.

Matacandelas, Trueque, Elemental, el Pequeño Teatro, Águila Descalza, Oficina Central de los Sueños y Porfirio Barba Jacob son solo algunos de los nombres de las más de 35 sedes que conforman lo que es hoy el circuito teatral de La Candelaria. Si tenemos en cuenta el hecho de que hace unas tres décadas no eran más de cuatro o cinco los teatros presentes en el centro, se puede evidenciar con claridad el crecimiento de la oferta en el sector.

Pero, ¿por qué es llamativa la zona para este gremio?

“Por un lado, es una casualidad del destino. Elemental comenzó en Prado Centro y, posteriormente, buscamos un lugar que fuera más adecuado para lo que necesitábamos, así encontramos esta bodega. De alguna manera modificamos una calle, antes todo esto eran talleres y nosotros llegamos a poner un teatro. A partir de ahí surge La Pascasia. Antes ponían negocios y no funcionaban, ahora nuestro público come perrito, hamburguesa, hemos generado un movimiento cultural muy importante. El centro tiene fama de peligroso, pero los teatros son oasis, espacios de no violencia necesarios”, explica John Viana, director del teatro Elemental.

En palabras de Viana, si usted está buscando un teatro light, quizá el Elemental no sea su mejor opción. Una obra de este grupo será por lo general fuerte, de temas profundos, encaminados a mover los sentimientos del espectador, a tocarlo en sus emociones. Por ejemplo, la obra De la muerte sin exagerar. En ella tratan el tema de las mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia. Para conectar a los visitantes con la historia y el espacio, el director pide que, antes de ingresar a la sala, quienes deseen se quiten los zapatos y caminen sobre una espesa capa de tierra que cubre por completo el escenario. Muchos espectadores aceptan el reto, se descalzan, caminan y sus pies desnudos se convierten en una muestra de profunda empatía.

Las presentaciones teatrales en el centro se caracterizan por involucrar el escenario para sorprender al espectador y conectarlo espacialmente con la obra. Estas experiencias únicas son las que han logrado cautivar a un público que se mantiene fiel y va en aumento.

No es fácil preparar estos elaborados montajes teatrales, puede llevar meses de largos y arduos horarios de ensayo.

“Trabajo en el Elemental desde el mediodía, de martes a sábado hasta el fin de la programación, los lunes salgo como a las seis o siete de la noche. El tiempo de montaje depende de muchas cosas, cuando es una creación sin ningún apoyo económico suele tardar mucho más que cuando una hay una beca de una entidad o algún estímulo de por medio”, cuenta Angie Muriel Jiménez, actriz en el Elemental.

La compra de las casas en las que se ubican los teatros del centro, por parte de empresas constructoras, ha supuesto un problema para las sedes.

Es por esto que, a pesar de que en los teatros de La Candelaria, la opción de aporte voluntario facilita la llegada de un público diverso, se pide a los visitantes que tengan presente el trabajo constante de actores y otros miembros del equipo, todo el esfuerzo que hay detrás del montaje de una obra.

Sin importar cuáles sean sus preferencias, es casi seguro que en el centro podrá encontrar una obra que lo motive a hablar de ella por meses y lo haga invitar a toda su familia a verla, quizá conozca gente nueva, se haga amigo de un director o hasta termine con ganas de actuar, ¿quién sabe? Así es como les pasa a muchos que un día deciden darse la oportunidad de quedarse cuando las luces comienzan a apagarse.


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Publicado por: Revista Guayacán

 

“El arte es lo que resiste: Resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza”. Guilles Deleuze

La cultura identifica a los pueblos, les imprime una ruta de vida al futuro, y más si esta se une a la educación de los niños y jóvenes como fundamento del ser ciudadano. Los gobiernos gastan grandes sumas de dinero e invierten ingentes esfuerzos para combatir el crimen, confinan a un hombre a las rejas y marca su destino con la muerte en vida. Si educas a una persona, no perseguirás a un criminal.

La Cultura también es resistencia, desde tiempos inmemorables, cuando éramos simples depredadores y luchábamos contra la naturaleza indómita de nuestra existencia, luego, a través de las distintas épocas en que los hombres han evolucionado, hasta su máximo gesto de ser colectivo que dio como resultado la construcción de las ciudades hoy, en toda esta gesta evolutiva la cultura lo ha acompañado permanentemente como un termómetro de civilidad o de bestialidad.

¿Y el Arte?

Los artistas y sus variadas expresiones le dan color, formas nuevas a la vida y la llenan de sonidos armoniosos y gestos creativos, es el arte la máxima expresión de la cultura permitiendo al ciudadano común acercarse de otra manera a sus semejantes, desde la solidaridad, la tolerancia y el respeto, sin necesidad de la norma, tan rígida y tan necesaria esta permite darle un sentido comunitario y político a nuestra existencia.

“La cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió”. Rezaba André Maurois.


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El 12 de diciembre en Plaza Mayor, se reunieron diferentes organizaciones artísticas y culturales de Medellín para mostrar resultados de sus procesos de formación artística, ejecutados con el Programa de Planeación Local y Presupuesto Participativo.

Durante el año 2018 se desarrollaron 327 programas de formación en las distintas comunas y corregimientos, en los que participaron desde la danza, la pintura, el teatro, las manualidades, etc.

La feria, además de servir como jornada de cierre, se convierte en un espacio de encuentro entre las distintas experiencias vividas por niños, jóvenes y adultos. Un encuentro intergeneracional de grupos artìsticos que encuentran en el arte y la cultura una oportunidad de aportar en la construcción de ciudad desde su territorio.

Sobre la misma tariama desfilaron niños, jòvenes y adultos, todos con el mismo entusiasmo y valentía de enfrentar un público que les ovacionaba a cada término de presentación como los más célebres artistas. Al tiempo, adornando el lugar, una galería de pinturas y manualidades que daban cuenta de lo aprendido en los talleres de formación. 

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El alcance de los procesos de formación es el de la sensibilización y acercamiento a las artes. Sin embargo, desde esos procesos que en algunas comunas llevan años ininterrumpidos, han logrado ofrecer una alternativa de vida a muchos chicos y chicas que encuentran en estas actividades alternas un propósito de vida con el cual desarrollan además otras habilidades para la vida.

Juliana Osorio es una de las jóvenes que desde el arte encuentran una forma de expresarse y construir en su territorio.

Una de las fuentes de financiación que tiene el Plan de Desarrollo Local de la Comuna 10 es a través del Programa de Planeación Local y Presupuesto Participativo - PlyPp.

En los últimos años, funcionaba la comisión de cultura, deportes y comunicaciones; la cual era conformada por delegados de organizaciones y de los distintos barrios de la comuna. En diferentes sesiones se escuchaba el diagnóstico que la Alcaldía presentaba en los tres temas que concierne a la Línea y luego desde los proyectos del PLD se priorizaban algunos proyectos para ser ejecutados en el año siguiente.

Ahora, debido a los cambios que ha sufrido el programa, la priorización de proyectos se hace mediante el voto popular y se conforma por la misma vía del voto un consejo comunal con representación de delegados de varios sectores.

El Actual consejo comunal cuenta con delegados de Cultura, Comunicaciones y Deportes.

Ana Cecilia Hernández, delegada del sector de Cultura nos cuenta en video qué proyectos se han priorizado y ejecutado en los últimos años pertenecientes a la Línea Cultual.

Nuestra capacidad de recordar algo, de sentirlo o aprobarlo, aunque no en todas las ocasiones sea lo más evidente, es bastante trivial a la hora de valorar una obra de arte. Incluso, la emoción que se llega a sentir ante ella podría describirse como la intensa antelación de un recuerdo futuro. ¿Qué es lo que se recuerda? Un contraste fuerte, un estilo intenso, una textura nueva o antigua, ese placer poderoso, alguna herida o algún odio, un aroma, una contrariedad no del todo asimilable, un rasgo súbito, una personalidad bien o mal definida, o quizá sea más exacto decir: acordes inesperados y mixtas de todo lo anterior.

Por su parte, las ideas, los criterios y los conceptos –que son apenas ideas de foco restringido– tienen un poder de reputación claro más allá de los contextos artísticos. Estos en últimas tratan de componentes y materias decisivas para la vida de las personas, así a veces el discurso que los contiene no esté unido en apariencia a la praxis. Para citar un ejemplo, los filósofos de la Ilustración se pasaron la vida usando ideas y conceptos con el fin de decirnos cómo se puede vivir en sociedad sin recurrir a las guerras tribales y a las prácticas absolutistas.

Se bifurca de todo esto un ambiente problemático para el arte contemporáneo: Nombrar una obra de arte por los conceptos unidos a ella es de lo más difícil. Los conceptos, abstractos por definición, entran en una lucha por liberarse del contexto específico en el que nacieron, de modo que cuando alguien intenta ligarlos a ese contexto pierden claridad y se debilitan. No están hechos para sobrevivir en un ambiente tan fugaz y eternamente transitorio.

CasaMuseoPedroNelGomez01 opPor eso no nos debería sorprender que los conceptos ejercieran un papel muy subordinado en el arte plástico. Pero entonces llegó un humorista genial, Pedro Nel Gómez, y les abrió la puerta, para luego dedicar el resto de su vida a la arquitectura. ¿Cambiaron los conceptos de naturaleza sólo porque él logró hacerlos funcionar temporalmen­te en contra de su naturaleza? Para nada. La obra de Pedro Nel pronto se volvió un gran lingote de obras urbanísticas y frescos de la República, y detrás entró la gran industria de los intelectuales del arte, que decidieron acaparar los puestos y los presupuestos disponibles. Dado el golpe de Estado a la poco conceptual tradición artística de la época, los curadores coronaron Los Murales del Olvido, el Concepto, y se dedicaron a la vida poltrona, observando todo lo que el Maestro traería para enseñarnos desde Europa, que personalmente pienso, Pedro que Gran Hombre.

Pero hay algo muy crucial en los Artistas del día de hoy, y nada de ello sería tan grave si este arte del concepto por el concepto no tuviera una vocación. ¿Cuántas personas saben que es una verdadera obra? ¿O si sabrían valorarla? Si caminan las calles de nuestro centro que es el ala del Patrimonio Artístico sin entender si quiera lo que se ve, como podrían describir la magna estructura del Hotel Nutibara si están desperdigados en el modernismo, ¿O quién habita tras un rasgo fuerte y definido? pero si los autores de las obras fueran desconocidos, el juicio crítico sería mucho más libre y objetivo; no estaría vinculado por cautelas ni estaría condicionado por las opiniones precedentes y si sabemos que tal página o tal obra es de un genio, nos vemos forzados a atribuirles significados que en realidad no tienen, y esto vale no solamente para los genios, sino para cualquier nombre que goce de cierta notoriedad, el anonimato podría poner fin, a esos desvaríos vanidosos que se desencadenan entre los artistas y los escritores, y que se reflejan en mezquindades, pequeñeces y rivalidades muy a menudo más indecorosas, en el plano humano, que las que envenenan las relaciones entre otros gremios y categorías; que asfixia lo que no se le parece, y si no fuera porque muchos de los que no somos cortesanos nos aburrimos, y en realidad salimos y nos dejamos llevar por la calle Girardot, la Avenida Oriental o la Playa, con un dejo de sorpresa en la mirada, con deseos y ansias nuevas, así llegamos a las paredes, esculturas y demás ornamentos de la urbanidad mezclados entre edificios nuevos y el patrimonio, nos llegamos a sorprender, alegrar, nos llenamos de momentos mientras nuestra capacidad de recordar nos va enseñando a habitar entre las obras de esta grandiosa ciudad.

Por: Verónica Vergara González. DAMN NORMA.

Si uno quisiera una buena demostración de lo bueno que podría llegar a ser el Arte, ningún lugar puede ser mejor que el Centro de la Ciudad, que constantemente se reinventa y anuncia la presencia de una gran masa de novedades, eventos, exposiciones, casi todas ellas testimonio vívido de la medida en que el visitante conozca y el dueño del lugar tenga o no tenga la menor idea de lo que exhibe.

La obra Callejera es supremamente fuerte, todos estos tags siempre mostrando su cara agresiva o tierna, en ocasiones hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni del cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección de Muros sin nombre del centro de Medellín….

¿Qué importancia podría tener atribuirles a aquellas manos creadoras un nombre perdido? Los niños, cuando alguien les lee un libro, casi nunca piensan que detrás de esa historia que los atrapa haya un autor; la oyen y se apropian de ella como si la historia se hiciera sola y como si el espíritu del cuento fuera un viento que trae cosas, sonidos y palabras recogidos por la calle.

Los artistas modernos, en especial los vanguardistas, se entregaron a la imposible tarea de empaparse de modernidad renunciando, al mismo tiempo, a la sociedad de su época. Todos ellos rechazaron la tradición y buscaron nuevos horizontes morales. Esto fue lo que los hizo modernos. Odiaron el estilo de vida occidental, sus academias, su capitalismo, su burguesía y la monótona rutina que desecaba el espíritu y sumía en la apatía.

En estas calles, el transeúnte se enfrenta a obras que, al ilustrar con transparencia la nadería, la estulticia y el menosprecio por el talento y el sentido común, se convierten en las peores enemigas de la corriente que representan. Sin entrar en causticas que no tienen nada que ver con las obras sobre las que se discute, sin generalizar a partir de las excepciones afortunadas y sin acudir al auxilio de Foucault y Deleuze para refutar lo que salta a la vista; hemos sentido alguna vez en una galería de arte contemporáneo: el sinsabor de que cualquiera podría hacer "eso", el fastidio ante la retórica que pretende darle peso al vacío, y el deseo de tomar una escoba y un par de bolsas negras para completar una obra inconclusa. 

Tal vez, a la hora de la verdad, el hombre es apenas un marchante del montón, no demasiado brillante, que ni tiene ni se ha ganado el derecho a imponer un gusto en el territorio del modernismo tardío. Su ejercicio de mitificación ha sido apenas una carrera en un callejón sin salida.

Por Verónica Vergara González DAMN NORMA

No se puede negar la fortaleza que tiene el Centro en el aspecto cultural. En su territorio tienen asiento un sinnúmero de entidades culturales que permiten que  la ciudad puede ofrecer una buena oferta cultural.  Cabe anotar  que  recientemente se han dado algunas movidas, que mediante esfuerzos conjuntos y alianzas le apuntan a recuperación y re significación del corazón de la ciudad con unos fuertes componentes culturales y artísticos.

Se destacan el resurgimiento del Banco de la República con una nueva y nutrida agenda cultural dirigida a públicos diversos. Igualmente Comfama y La Universidad de Antioquia, le han puesto de nuevo su mirada al Centro con planes y acciones que comienzan a mostrar resultados.

Ahora que se está en una importante transformación urbanística, como las intervenciones en el Paseo Bolívar, la avenida La Playa, el corredor de la avenida Oriental y otras que pronto se iniciarán en la carrera Junín  y en la mayoría de los parques, el Centro requiere también de una transformación en lo social y un fortalecimiento en lo artístico y cultural.

Consideramos que hacia allí apuntan nuevas iniciativas como la  Alianza Por el Centro, Caminá pal Centro, Cultura Parque, El Centro será el barrio de todos y Cultura Centro.  Todo esto está bien. Pero consideramos que el sector cultural debe estar más unido para  potenciar  más  esa fortaleza que el corazón de la ciudad ha tenido históricamente. Desde hace algún tiempo se habla de crear la figura de Distrito Cultural, ya sea desde lo jurídico o lo referencial. Lo importante es que se visibilice más el Centro como un emporio cultural de grande oferta para la ciudadanía. También, que a la vez  posibilite un atractivo especial al disfrute de la noche.  

Recientemente el programa Cultural Centro, que lidera la Universidad de Antioquia, con Gisela Posada a la cabeza, convocó a una reunión en el Ateneo Porfirio Barba Jacob.  Se trató de un importante espacio con presencia de gestores culturales, artistas y representantes del gremio de la cultura. Allí, en medio de un interesante debate,  se comenzó a consolidar esa unión del sector que tanto se requiere. De esta manera,  se dan importantes pasos para lograr un Centro más cultural, atractivo y vivido plenamente como un emporio o distrito cultural. Estamos seguros que si se continúa con estos esfuerzos y compromisos, se logrará en nuestro Centro una transformación  simultánea, tanto en lo urbanístico como en lo  social y cultural.

La exposición recoge los resultados del programa Diálogos con sentido y será abierta el miércoles 29 de noviembre en la Casa del Encuentro del Museo de Antioquia, 6:00 p.m. Estará abierta hasta enero de 2018. De este proyecto hacen parte cerca de 100 niños, niñas y adolescentes que integran la Corporación Combos, Corporación Hogar, Mesa Ambiental de la Comuna 10 y vecinos del entorno del Museo.

Un grupo de niños y niñas del centro de Medellín ha creado un mundo a través de sus sueños: Baramburi, en el que habitan cinco tribus y pueblos que dan cuenta de las emotivas, complejas y esperanzadoras voces de ese grupo sobre sí mismos y el mundo que los rodea. Y desde el miércoles 29 de noviembre lo vamos a presentar en la Casa del Encuentro del Museo de Antioquia.

Esta exposición da cuenta del proyecto Diálogos con sentido, realizado por el Museo de Antioquia con patrocinio de Bancolombia desde 2016, en el que niños y niñas del centro de Medellín participan en jornadas didácticas que, por medio de las herramientas del arte y la pedagogía, les permiten reconocerse como sujetos plenos de derechos y, a la vez, crea espacios de encuentro, diálogo y reflexión para ellos, así como de expresión de sus ideas y el mundo que sueñan. “Con esta exposición queremos presentar el boceto de un lugar que, pensamos, debería existir, y para el cual niños y niñas del centro de Medellín están haciendo su propio plan. Baramburi podría ser el centro de nuestra ciudad”, reza el texto de presentación.

baramburi dialogos con sentidoLa metodología de Diálogos con sentido planteó jornadas con esos niños y niñas en el Museo desde finales de 2016 y todo 2017, divididos en grupos durante distintos días de la semana, para que tuvieran encuentros con mediadores y talleristas, con quienes reflexionaron sobre el concepto del territorio: “Entendiendo el cuerpo propio como el primer territorio, y reconociendo en el otro un ser que tiene derecho a habitar, también, su territorio. Planteamos reflexiones que comenzaban en ellos mismos y sus capacidades y luego iban hacia el mundo que los rodea; que les ayudara a construir su identidad, a valorar la diversidad y a plantear formas de convivencia donde todos tuvieran cabida. A partir de allí, imaginaron y crearon sus casas, nuevos animales, plantas, flores, máscaras, mundos”, explica Ana Catalina Cardona, mediadora que ha acompañado este proceso. 

Así, construyeron objetos, paisajes y mundos que dan cuenta de sus propias voces y anhelos, y que pusieron en La Creación, Divertilandia, La Isla, la Tribu Tití “El volcán” y Murraka, los cinco pueblos de Baramburi. Además, un sexto espacio, el Territorio en Construcción, invita a todas las personas que quieran ayudar a construir a través de sus sueños.

“Estos espacios tienen un grado ficticio muy alto, allí viven superhéroes, hechiceros, tribus, animales mágicos, pero a la vez tienen un grado de realidad muy grande y refleja sus historias de vida. Estos niños y niñas vienen, muchas veces, de entornos hostiles, donde les hace falta afecto, donde sus derechos han sido vulnerados. Había niños que al principio del proceso no hablaban, o que al preguntarles el nombre respondían con otro. Niños que incluso podían ser una amenaza para otros, que reaccionaban de manera violenta con su cuerpo o su lenguaje. Pero lo que encontraron aquí los ha ayudado a transformarse, porque lo que encontraron aquí fue un espacio cálido, en el que sus voces son escuchadas y valoradas. Lo que encontraron aquí fue el derecho a soñar”, expone “Latolla”, mediadora de este proceso.

Para el Museo de Antioquia, un proyecto como Diálogos con sentido consolida un proyecto museal que encuentra en el arte y la pedagogía herramientas para la transformación social de Medellín: “Es necesario entender nuestros propios contextos. No existe algo como un ‘público general’ consumiendo arte; existen personas que tienen distintas historias de vida y procedencias, mucho más en una ciudad con las complejidades históricas y culturales de Medellín. Es necesario comprender que los discursos del arte se escriben desde muchos lugares, y que aprender a escuchar esos discursos es lo que nos permite reconocer la diversidad como una potencial social desde la que podemos imaginar y construir otro futuro”, concluye Jessica Rucinque, directora de Educación del Museo de Antioquia.

Fuimos construidos como un proyecto que congregara los imaginarios de identidad de una joven y recién independiente Antioquia; una institución que desde el arte y la cultura ayudara a recoger y divulgar los ideales de quiénes éramos como sociedad. Hoy, 136 años después, seguimos siendo una institución que se pregunta por nuestra identidad pero desde una perspectiva distinta: ¿es la historia una sola historia?, ¿es ser antioqueño, colombiano, una identidad homogénea y cerrada?, ¿a quiénes excluimos del relato oficial  y cómo podemos construir una narración diversa, incluyente y crítica que nos permita encontrarnos en medio de nuestras diferencias?

Este miércoles 29 de noviembre conmemoramos 136 años de realizar esa tarea: poner a circular ideas a través del arte, ser testigos de la evolución de nuestras propias ideas como ciudad y país, aportar a la construcción de una ciudadanía capaz de mirarse a sí misma para entender cómo cabemos todos.

Por eso, para celebrar y permitir que cualquiera recorra los relatos que hemos construido, tendremos ingreso libre para todo el público durante todo el día.

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Nuevos proyectos para Museo 360

Presentaremos y lanzaremos las convocatorias de nuevos proyectos que buscan estrechar nuestro diálogo, mediante las prácticas artísticas y la pedagogía, con el centro de Medellín y sus comunidades.

La Banca Azul: nueva estrategia de promoción de lectura liderada desde la Biblioteca del Museo de Antioquia, conjugando los universos del arte y la literatura para impactar en el centro de Medellín y las comunidades que lo habitan y visitan, reivindicando la lectura, la escritura y la oralidad como posibilidades para acceder a ideas y conceptos transformadores, empoderantes y movilizadores.
Así, la banca azul pretende no solo activar la biblioteca y los espacios internos del Museo, sino salir al encuentro ciudadano en las inmediaciones de nuestro edificio en el centro de Medellín, con talleres de lectura en distintos medios que generen preguntan y discusiones entre diversas comunidades, muchas de ellas con un histórico acceso limitado a distintos derechos culturales.
Durante el miércoles 29, en la conmemoración de nuestros 136 años, la Banca Azul recorrerá las salas del Museo con propuestas de lecturas breves. Este proyecto tiene el patrocinio de la Fundación MUV. 

Vitrinas Cundinamarca: lanzaremos la convocatoria de un nuevo proyecto para que artistas en la ciudad  intervengan las vitrinas que este año fueron creadas en la parte posterior del edificio, con la finalidad de estimular la creación contemporánea local, y estrechar el diálogo del Museo con el territorio que lo rodea y las comunidades que allí habitan.
De esta convocatoria podrán participar artistas plásticos y visuales, de las artes escénicas, danza, fotógrafos, realizadores audiovisuales, cuya práctica investigue cuestiones relativas a las prácticas artísticas en comunidad y de carácter In situ, con el fin de conectar el Museo con la territorialidad del entorno, y será realizado durante 2018.

La Esquina: este espacio, que fue habitado por primera vez para la exposición 89 noches, está ubicado entre las calles Cundinamarca y Calibío. Allí se realizarán, por convocatoria pública presentada en nuestro aniversario, activaciones quincenales los viernes, de 6:00 p.m. a 10:00 p.m., entre febrero y abril de 2018.
La Esquina es pensada como un lugar de socialización y de resistencia frente a la hostilidad de la ciudad y las dificultades para el encuentro y la convivencia, mediante estrategias festivas y lúdicas.

La Esquina y Vitrinas Cundinamarca son proyectos que haremos gracias al apoyo de ARGOS y la Fundación Argos, respectivamente. 

Un nuevo espacio temporal para Ethel Gilmour

Desde el 29 de noviembre, y durante toda la temporada de diciembre, abriremos un espacio temporal gracias a la Corporación Casa de Ethel y Jorge. Presentaremos 12 obras que dan cuenta del mundo privado y doméstico, pero también público y con una carga de denuncia política, creado por una de las más emotivas mujeres que hacen parte de la historia de Antioquia.
Este espacio, abierto a propósito del libro sobre Ethel Gilmour que está siendo presentado por Davivienda y que se puede adquirir en nuestra tienda a partir del 29 de noviembre, estará ubicado en la Sala Calibío.

 

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