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Publicado por: Periódico Centrópolis (Ver artículo)

 

La comuna 10 recoge la oferta más grande de teatros que tiene Medellín. Visitantes de toda la ciudad pueden disfrutar obras de diferentes géneros, con tarifas accesibles.

 

La noche trae a la vida a los teatros del centro de Medellín. Mientras que la caída del sol indica para muchos recoger puestos callejeros o cerrar vidrieras y bodegas, para actores y actrices es solo la señal de que la puesta en escena de su obra de temporada está cada vez más cerca. Asimismo, mientras ellos pintan sus caras y acomodan el escenario, los visitantes van llegando de a poco. Antes de que la obra comience, se sientan en restaurantes y cafeterías aledañas, allí tienen la oportunidad de conversar con el director en una tertulia previa a la función.

“Mi experiencia yendo a teatro al centro ha sido siempre muy grata porque he podido ver obras de muy alta calidad con aporte voluntario. Creo que este método atrae público muy variado, de todos lados de la ciudad. Me parecen muy valiosos los espacios de conversación y debate que se dan con el director o actores antes de la obra, y son de muy fácil acceso por las diferentes rutas de bus y Metro que tienen”, afirma Emmanuel Villa, un joven visitante que frecuenta estos espacios desde hace seis años.

El teatro Elemental está ubicado en la carrera 42 con la avenida San Juan, cercano a las Torres de Bomboná.

Matacandelas, Trueque, Elemental, el Pequeño Teatro, Águila Descalza, Oficina Central de los Sueños y Porfirio Barba Jacob son solo algunos de los nombres de las más de 35 sedes que conforman lo que es hoy el circuito teatral de La Candelaria. Si tenemos en cuenta el hecho de que hace unas tres décadas no eran más de cuatro o cinco los teatros presentes en el centro, se puede evidenciar con claridad el crecimiento de la oferta en el sector.

Pero, ¿por qué es llamativa la zona para este gremio?

“Por un lado, es una casualidad del destino. Elemental comenzó en Prado Centro y, posteriormente, buscamos un lugar que fuera más adecuado para lo que necesitábamos, así encontramos esta bodega. De alguna manera modificamos una calle, antes todo esto eran talleres y nosotros llegamos a poner un teatro. A partir de ahí surge La Pascasia. Antes ponían negocios y no funcionaban, ahora nuestro público come perrito, hamburguesa, hemos generado un movimiento cultural muy importante. El centro tiene fama de peligroso, pero los teatros son oasis, espacios de no violencia necesarios”, explica John Viana, director del teatro Elemental.

En palabras de Viana, si usted está buscando un teatro light, quizá el Elemental no sea su mejor opción. Una obra de este grupo será por lo general fuerte, de temas profundos, encaminados a mover los sentimientos del espectador, a tocarlo en sus emociones. Por ejemplo, la obra De la muerte sin exagerar. En ella tratan el tema de las mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia. Para conectar a los visitantes con la historia y el espacio, el director pide que, antes de ingresar a la sala, quienes deseen se quiten los zapatos y caminen sobre una espesa capa de tierra que cubre por completo el escenario. Muchos espectadores aceptan el reto, se descalzan, caminan y sus pies desnudos se convierten en una muestra de profunda empatía.

Las presentaciones teatrales en el centro se caracterizan por involucrar el escenario para sorprender al espectador y conectarlo espacialmente con la obra. Estas experiencias únicas son las que han logrado cautivar a un público que se mantiene fiel y va en aumento.

No es fácil preparar estos elaborados montajes teatrales, puede llevar meses de largos y arduos horarios de ensayo.

“Trabajo en el Elemental desde el mediodía, de martes a sábado hasta el fin de la programación, los lunes salgo como a las seis o siete de la noche. El tiempo de montaje depende de muchas cosas, cuando es una creación sin ningún apoyo económico suele tardar mucho más que cuando una hay una beca de una entidad o algún estímulo de por medio”, cuenta Angie Muriel Jiménez, actriz en el Elemental.

La compra de las casas en las que se ubican los teatros del centro, por parte de empresas constructoras, ha supuesto un problema para las sedes.

Es por esto que, a pesar de que en los teatros de La Candelaria, la opción de aporte voluntario facilita la llegada de un público diverso, se pide a los visitantes que tengan presente el trabajo constante de actores y otros miembros del equipo, todo el esfuerzo que hay detrás del montaje de una obra.

Sin importar cuáles sean sus preferencias, es casi seguro que en el centro podrá encontrar una obra que lo motive a hablar de ella por meses y lo haga invitar a toda su familia a verla, quizá conozca gente nueva, se haga amigo de un director o hasta termine con ganas de actuar, ¿quién sabe? Así es como les pasa a muchos que un día deciden darse la oportunidad de quedarse cuando las luces comienzan a apagarse.


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El corazón de Medellín conserva tres de los bares de tango más importantes de la ciudad: El Salón Málaga, el Centro Cultural Homero Manzi y Adiós Muchachos. En la ciudad han existido muchos otros, pero la mayoría han cerrado.

El Salón Málaga parece un buque encallado, un barco sobreviviente de un naufragio, un lugar en el que el tiempo se ha detenido y los días navegan con la cadencia de un tango. Las mesas de madera, desgastadas por la humedad de cervezas y vasos de ron que transpiran, le dan un aire de otra época. Las paredes cubiertas con fotografías amarillentas de figuras del tango y el balcón desde donde se pone la música, con múltiples objetos antiguos, como: gramolas y radiolas, relojes, máquinas de escribir y cámaras viejas, hacen pensar en otros tiempos. Afuera están el bullicio, los afanes y el esmog. Adentro la conversación, la música y la danza. Están los jubilados que no miran el reloj, los bohemios empedernidos, los turistas curiosos, los nostálgicos sin remedio, todos conviven en un ecosistema que propicia la añoranza.

Hace pocas décadas, muchos bares de tango estaban ligados a la bohemia y la prostitución, por eso las damas tenían prohibida la entrada.

Hace unos años, una jovencita entró al Málaga y pidió un trago de aguardiente, después de bebérselo, fondo blanco, comenzó a llorar desconsolada. Don Gustavo, el propietario, se le acercó para saber qué le pasaba. Ella le contó que todos los días pasaba con su papá frente al local, apenas él escuchaba la música la invitaba a que entraran, ella se la pasaba de afán y cada día tenía una excusa para no acompañarlo, el primer día que se sentó en el Málaga, su papá había cumplido cuatro meses de muerto.

El tango nació en los arrabales de Buenos Aires, la capital argentina.

El tango se extendió por Europa, por toda América y llegó para quedarse con fuerza en Medellín, en un pacto que se selló para siempre el 24 de junio de 1935, cuando murió, en el aeropuerto Olaya Herrera, su principal ícono: Carlos Gardel. La tradición tanguera es defendida y está arraigada, especialmente en el centro de la ciudad, en espacios como el Salón Málaga, el bar Adiós Muchachos o el Centro Cultural Homero Manzi.

Uno de los ritmos más escuchados en el Málaga es el tango, sin embargo, la primera canción que allí sonó fue Sueño y dicha, del dueto colombiano Briceño y Añez. Este dato preciso lo cuenta Pedro León Patiño, el primer cliente del lugar, quien lo dejó consignado en el cuaderno de comentarios que tiene el lugar.

Este ritmo tiene bastante de la Milonga, la música que cantaban los músicos ambulantes cuando llevaban las noticias de pueblo en pueblo en forma de canción.

Don Gustavo lleva, entre el ojal de su pantalón y el bolsillo trasero, las ocho llaves que custodian uno de sus tesoros más preciados: una colección de más de 7 mil acetatos de 78 revoluciones por minuto (RPM), que lo convierten en uno de los coleccionistas más reputados del país.

El Málaga abrió sus puertas en 1957, pero no en la sede actual, que apenas comenzó a funcionar en 1972 y soportó crisis profundas como la construcción del Metro que convirtió los alrededores en un lodazal, cargado de arrumes de hierro y concreto. Ahora es un espacio tan entrañable que algunos clientes reciben, en el local, las llamadas de sus hijos, el periódico y hasta la correspondencia.

Recuerdos de otros tiempos

Para continuar el recorrido tanguero es posible desplazarse hacia el oriente y llegar al bar Adiós Muchachos, propiedad de don Camilo Valencia, quien se lo compró a su papá y continuó con la tradición que lleva en las venas: un amor de tiempo completo por el tango.

Don Camilo ha estado ligado al centro desde niño, al punto que cuando Ómar Portela, fotógrafo de CENTRÓPOLIS, comenzó a mostrarle fotos de la Medellín de antaño, él era capaz de identificar cada espacio: su colegio, la incipiente Avenida Oriental y el parqueadero que había antes de que construyeran el Parque San Antonio.

El bandoneón es el alma del tango, fue inventado por el alemán Heinrich Band y sirvió desde el principio para sustituir al órgano en las parroquias pobres.

Desde pequeño, don Camilo le llevaba la comida a su papá, quien siempre tuvo bares de tango y se quedaba escuchando la música, lavando vasos, haciendo mandados. Ya lleva 27 años al frente de Adiós Muchachos y nunca se cansa de este tipo de música en cuyas letras encuentra metáforas de la vida, un adelanto de las situaciones que pueden presentársele en el camino.
Lo que más sobresale del bar es una enorme barra con los licores perfectamente alineados al fondo, la idea la trajo don Camilo después de un viaje a Estados Unidos. Allí está sentado un señor con una mano en el rostro, que permanentemente mira hacia el techo y tararea todas las canciones hasta que un par de lágrimas corren por su mejilla y lo dejan mudo.

Tu nombre flotando en el adiós

Mucho más al oriente queda el Centro Cultural Homero Manzi. En sus paredes están las fotos de cantantes, bailarines, compositores y orquestas que gobiernan el espacio como figuras tutelares, la música antes sonaba en casetes, acetatos y discos compactos, hoy se programa desde el computador.

Francisco Javier Ocampo es el propietario. Se enamoró del tango desde niño, en los bares de la plaza de Amagá a los que no podía entrar, pero se conformaba con escuchar la música desde la puerta.
El Homero Manzi fue primero una cafetería en la que no ponían música. Don Javier siempre había querido tener un local únicamente de tangos, por eso comenzó a ponerlos en una casetera. Era el año 1988 y desde ese momento se esmeró por levantar un sitio respetable, donde también pudieran entrar las mujeres, porque había lugares en los que también se programaban tangos, pero las damas tenían prohibida la entrada.

El primer bandoneón que llegó a Buenos Aires iba en un buque sueco, uno de los marinos lo cambió en el puerto por una botella de licor.

Antes había por toda la ciudad negocios de tango, muchos no aguantaron la época del narcotráfico, en la que la gente tenía temor de salir a la calle. Los bares que quedaban en Guayaquil los compraron para construir El Hueco. En los barrios, los locales se inclinaron por músicas más populares como el vallenato o la salsa, solo algunos espacios como el Málaga, Adiós Muchachos o el Homero Manzi se han mantenido vigentes y son los encargados de guardar la tradición, mantener y cultivar su cultura. Son lugares cargados de historia, pequeños oasis cotidianos que parecen de otra época, islotes luminosos donde el tiempo parece correr más despacio y, en ocasiones, pareciera tener vocación de cangrejo.


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Cultura Parque es una estrategia de la Alcaldía de Medellín que se ejecuta en el Parque Bolívar y otros parques de la Comuna 10 y de la ciudad.

Funciona con la colaboración de un comité donde participan organizaciones y líderes sociales, quienes buscan mediante diferentes acciones culturales intervenir en el espacio público para promover el disfrute ciudadano. Entre otras cosas, se busca con la estrategia que los parques vuelvan a ser espacios de encuentro, de conversaciones, de visita, de estancia.

 

--Ver artículos relacionados con el Plan Integral del Centro--

 

Históricamente los parques fueron centros de desarrollo vecinal. Los barrios se fueron consolidando en torno a un parque dado que era el lugar de encuentro y de intercambio de palabras, de bienes, de servicios...

El Parque Bolívar, ubicado en el Barrio Villanueva, es uno de esos parques desde donde la historia de la ciudad se ha tejido. En sus costados comparten tribuna edificios modernos junto con casonas antiguas, el Teatro Lido y la Catedral Basílica Metropolitana, salida al Pasaje Junín y otras calles emblemáticas. Y en su centro la estatua de Simón Bolívar de donde recibe el nombre.

 

Este, que es un espacio de encuentro por naturaleza requiere de dos tipos de intervenciones. Una física, la cual está programada a través del Plan Integral del Centro, y otra cultural, abordada por el estrategia de Cultura Parque de la Secreataría de Cultura Ciudadana.

"Esta estrategia nace en el año 2016 como respuesta a una necesidad de acciones que se hicieran en el espacio público, particularmente en los parques donde la gente pudiese ir, estar y participar. Tiene en su ejecución 3 pilares fundamentales: La confianza, la convivencia y el cumplimiento de normas en el espacio público".  Maris Ester Muñoz Rangel, profesional en la estrategia Cultura Parque.

Cada parque tiene un eje temático de acuerdo a su contexto. En este caso del Parque Bolívar, las acciones están propuestas como estratégias en la prevención de la explotación sexual de niños niñas y adolescentes.

Durante el año 2018 se desarrollaron 23 actividades en dos formatos distintos: Literatura y cine en el parque, y Encuentro pedagógico y cultural.

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Entre los resultados a rescatar están:

- Reconocimiento de la estrategia con la comunidad cercana al parque.

- Continuidad en la agenda con dos intervenciones mensuales.

- Formacion en el espacio público en temas culturales y sociales.

- Fortalecimiento del comité de Cultura Parque.

- vinculación de grupos artísticos y culturales de la comuna en las jornadas de la estrategia.

 

En la línea de cultura del Plan de Plan de Desarrollo Local de la Comuna 10 se desarrolla un componente de comunicaciones con el que se proponen proyectos de producción documental y fortalecimiento del sistema de comunicaciones.

Dentro de este componente se han ejecutado desde el año 2012 con recursos públicos de Presupuesto Participativo, el fortalecimiento de la Plataforma de Comunicaciones, un proceso de trabajo en red de medios de comunicación comunitaria y procesos de comunicación que desde diferentes formatos hacen difusión de contenido relacionado con la comuna 10 La Candelaria.

Luis Guillermo Peña, delegado del sector de Comunicaciones nos cuenta en video cómo se ha fortalecido la plataforma de comunicaciones.

Una de las fuentes de financiación que tiene el Plan de Desarrollo Local de la Comuna 10 es a través del Programa de Planeación Local y Presupuesto Participativo - PlyPp.

En los últimos años, funcionaba la comisión de cultura, deportes y comunicaciones; la cual era conformada por delegados de organizaciones y de los distintos barrios de la comuna. En diferentes sesiones se escuchaba el diagnóstico que la Alcaldía presentaba en los tres temas que concierne a la Línea y luego desde los proyectos del PLD se priorizaban algunos proyectos para ser ejecutados en el año siguiente.

Ahora, debido a los cambios que ha sufrido el programa, la priorización de proyectos se hace mediante el voto popular y se conforma por la misma vía del voto un consejo comunal con representación de delegados de varios sectores.

El Actual consejo comunal cuenta con delegados de Cultura, Comunicaciones y Deportes.

Ana Cecilia Hernández, delegada del sector de Cultura nos cuenta en video qué proyectos se han priorizado y ejecutado en los últimos años pertenecientes a la Línea Cultual.

Medellín es una de las ciudades donde la expresión artística y cultural desde la organización social tiene gran aceptación, cuenta con propuestas organizadas que ofrecen al público una agenda cultural de manera periódica y de alta calidad.

Y de la ciudad, la comuna 10 La Candelaria recibe la mayor oferta en este tipo de alternativas, quizá por ser el centro de la ciudad que facilita la asistencia desde los distintos sectores de Medellín.

Sin embargo, uno de los problemas que la Línea de Seguridad Cultural busca resolver es la participación de las y los habitantes de la comuna en esos espacios artísticos y culturales.

En la Encuesta de Calidad de Vida 2013, uno de los instrumentos con los que se construyó el Plan en el año 2014, muestra que menos del 10% de los habitantes de la comuna 10 participan en actividades de música, danza, teatro y pintura.

“Esta situación es inquietante, pues se espera que una sociedad, una comunidad relativamente avanzada, invierta parte de su tiempo libre y de sus recursos a actividades de este carácter, puesto que están demostrados los beneficios tanto directos como indirectos derivados de estas.” (PDL C10, Página 123).

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En otras palabras, la línea de cultura del Plan de Desarrollo Local de la Comuna 10 La Candelaria de Medellín, busca desde el arte y la cultura generar proyectos que impacten en la vida cotidiana de la comuna y la ciudad, favoreciendo la convivencia y el desarrollo humano.

El Plan de Desarrollo Local de la Comuna 10 La Candelaria “El Ser es nuestro centro”, tiene una vigencia hasta el año 2022.

Su enfoque de desarrollo es la Seguridad Humana, “la cual se refiere a la seguridad de las personas en sus vidas cotidianas, que se alcanza no mediante la defensa militar de las fronteras de un país, sino con la consecución del desarrollo humano, es decir, garantizando la capacidad de cada cual para ganarse la vida, satisfacer sus necesidades básicas, valerse por sí mismo y participar en la comunidad de forma libre y segura”. (PDL C10, página 54)

Las propuestas planteadas en el Plan de Desarrollo Local se formulan mediante ideas de proyectos, los cuales se agrupan en Programas y luego en Componentes para juntos conformar una Línea de Seguridad.

En total son 8 líneas con las cuales se planea el desarrollo de la comuna 10 de Medellín.

La Línea de Seguridad Cultural, Deportes, Recreación y Comunicaciones aporta al Plan:

- 4 Componentes

- 8 Programas

- 27 ideas de proyectos, algunos de ellos avanzados hasta el nivel de formulación con identificación de presupuesto y alternativas de viabilidad.

Esta línea en su conjunto, aporta al Plan de Desarrollo alternativas para que la comunidad sea partícipe en la construcción del imaginario social desde el arte, la cultura, el deporte y la recreación.

A su vez que son alternativas de aprovechamiento del tiempo libre, de estar presentes en espacios comunitarios convocados abiertamente para un disfrute propositivo, afín de recibir en ese compartir colectivo insumos de construcción personal que en última instancia logran que el desarrollo humano del que habla el Plan de Desarrollo Local se vea reflejado en la vida de cada persona.

Si uno quisiera una buena demostración de lo bueno que podría llegar a ser el Arte, ningún lugar puede ser mejor que el Centro de la Ciudad, que constantemente se reinventa y anuncia la presencia de una gran masa de novedades, eventos, exposiciones, casi todas ellas testimonio vívido de la medida en que el visitante conozca y el dueño del lugar tenga o no tenga la menor idea de lo que exhibe.

La obra Callejera es supremamente fuerte, todos estos tags siempre mostrando su cara agresiva o tierna, en ocasiones hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni del cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección de Muros sin nombre del centro de Medellín….

¿Qué importancia podría tener atribuirles a aquellas manos creadoras un nombre perdido? Los niños, cuando alguien les lee un libro, casi nunca piensan que detrás de esa historia que los atrapa haya un autor; la oyen y se apropian de ella como si la historia se hiciera sola y como si el espíritu del cuento fuera un viento que trae cosas, sonidos y palabras recogidos por la calle.

Los artistas modernos, en especial los vanguardistas, se entregaron a la imposible tarea de empaparse de modernidad renunciando, al mismo tiempo, a la sociedad de su época. Todos ellos rechazaron la tradición y buscaron nuevos horizontes morales. Esto fue lo que los hizo modernos. Odiaron el estilo de vida occidental, sus academias, su capitalismo, su burguesía y la monótona rutina que desecaba el espíritu y sumía en la apatía.

En estas calles, el transeúnte se enfrenta a obras que, al ilustrar con transparencia la nadería, la estulticia y el menosprecio por el talento y el sentido común, se convierten en las peores enemigas de la corriente que representan. Sin entrar en causticas que no tienen nada que ver con las obras sobre las que se discute, sin generalizar a partir de las excepciones afortunadas y sin acudir al auxilio de Foucault y Deleuze para refutar lo que salta a la vista; hemos sentido alguna vez en una galería de arte contemporáneo: el sinsabor de que cualquiera podría hacer "eso", el fastidio ante la retórica que pretende darle peso al vacío, y el deseo de tomar una escoba y un par de bolsas negras para completar una obra inconclusa. 

Tal vez, a la hora de la verdad, el hombre es apenas un marchante del montón, no demasiado brillante, que ni tiene ni se ha ganado el derecho a imponer un gusto en el territorio del modernismo tardío. Su ejercicio de mitificación ha sido apenas una carrera en un callejón sin salida.

Por Verónica Vergara González DAMN NORMA

No se puede negar la fortaleza que tiene el Centro en el aspecto cultural. En su territorio tienen asiento un sinnúmero de entidades culturales que permiten que  la ciudad puede ofrecer una buena oferta cultural.  Cabe anotar  que  recientemente se han dado algunas movidas, que mediante esfuerzos conjuntos y alianzas le apuntan a recuperación y re significación del corazón de la ciudad con unos fuertes componentes culturales y artísticos.

Se destacan el resurgimiento del Banco de la República con una nueva y nutrida agenda cultural dirigida a públicos diversos. Igualmente Comfama y La Universidad de Antioquia, le han puesto de nuevo su mirada al Centro con planes y acciones que comienzan a mostrar resultados.

Ahora que se está en una importante transformación urbanística, como las intervenciones en el Paseo Bolívar, la avenida La Playa, el corredor de la avenida Oriental y otras que pronto se iniciarán en la carrera Junín  y en la mayoría de los parques, el Centro requiere también de una transformación en lo social y un fortalecimiento en lo artístico y cultural.

Consideramos que hacia allí apuntan nuevas iniciativas como la  Alianza Por el Centro, Caminá pal Centro, Cultura Parque, El Centro será el barrio de todos y Cultura Centro.  Todo esto está bien. Pero consideramos que el sector cultural debe estar más unido para  potenciar  más  esa fortaleza que el corazón de la ciudad ha tenido históricamente. Desde hace algún tiempo se habla de crear la figura de Distrito Cultural, ya sea desde lo jurídico o lo referencial. Lo importante es que se visibilice más el Centro como un emporio cultural de grande oferta para la ciudadanía. También, que a la vez  posibilite un atractivo especial al disfrute de la noche.  

Recientemente el programa Cultural Centro, que lidera la Universidad de Antioquia, con Gisela Posada a la cabeza, convocó a una reunión en el Ateneo Porfirio Barba Jacob.  Se trató de un importante espacio con presencia de gestores culturales, artistas y representantes del gremio de la cultura. Allí, en medio de un interesante debate,  se comenzó a consolidar esa unión del sector que tanto se requiere. De esta manera,  se dan importantes pasos para lograr un Centro más cultural, atractivo y vivido plenamente como un emporio o distrito cultural. Estamos seguros que si se continúa con estos esfuerzos y compromisos, se logrará en nuestro Centro una transformación  simultánea, tanto en lo urbanístico como en lo  social y cultural.

El documental Matices en el centro de Medellín, a través de las opiniones de los personajes refleja la realidad de muchos de los procesos que se viven en el centro de la ciudad actualmente, su contenido busca mostrar la importancia que trae la transformación y reactivación cultural, su desarrollo histórico y la conexión con los proyectos que se desarrollan actualmente en este sector de la ciudad, teniendo como locaciones lugares emblemáticos del centro debido a su valor patrimonial e histórico.  La serie de imágenes de este corto documental reflejan la belleza de las formas y la variedad de detalles que nos podemos encontrar de una manera desprevenida. Múltiples imágenes que nos relatan el pasado esplendoroso de un patrimonio que lucha por sobrevivir al paso del tiempo y los diversos pensamientos de las distintas administraciones. Un elemento inspirador es la visión del futuro que reflejan los personajes, sin dejar a un lado el pensamiento crítico, y la idea del que el centro es el barrio de todos, donde sin importar la condición económica o social podemos disfrutar de sus calles, la cultura, los espacios, las manifestaciones artísticas en distintos lugares, la diversidad de personas que lo matizan y enriquecen.

Este corto documental toca varios puntos sensibles de algunas problemáticas actuales en el centro de Medellín tales como la reubicación de los venteros ambulantes, la población LGTBI, los nuevos espacios y dinámicas en el centro de Medellín, la mirada puntal de algunos sectores como el parque Bolívar, los procesos que se desarrollan actualmente en el claustro de San Ignacio, la importancia de seguirle apostando a la cultura y la educación de los ciudadanos de a pie, a nuestros jóvenes, lo positivo que traen las trasformaciones de infraestructura sin desconocer que siempre los grandes cambios vienen de la mano de la sinergia con los ciudadanos, independientemente de su condición social.

Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad sino la convivencia constituye otro de los temas tocados en una manera clara en este corto documental.

Entendiéndose que la convivencia se construye con proyectos de urbanismo social, con acciones de mejoramiento integral de los barrios más pobres, con estrategias de educación ciudadana, con intervenciones de calidad en la educación formal, con una gran apuesta por la cultura y, en especial, por la cultura comunitaria, esa que se hace todos los días desde los barrios (y que se ha hecho casi siempre sin el Estado, a pesar del Estado y contra el Estado), con un gran trabajo de comunicación pública y con la concertación y conjugación de esfuerzos entre los gobiernos nacional, regional y municipal, y de éstos con la comunidad, las universidades, las ONG, las empresas privadas.

Generar una nueva movilidad asociada al concepto de súper-manzanas sin duda es una propuesta interesante que refleja la necesidad de priorizar la movilidad peatonal y no motorizada (en bicicleta), generar de vías exclusivas para transporte público, incorporar buses articulados, consolidar el sistema de transporte masivo y generar súper manzanas para una movilidad sostenible.

Esto quiere fortalecer una ciudad que es privilegiada en temas de movilidad, es la única ciudad del país con Metro, desde el año 2011 cuenta con una línea pre troncal de Metro plus, posee el Tranvía de Ayacucho y ya inició la reestructuración de sistema del transporte público desde la gerencia del TPM y la operación de las rutas alimentadoras de Metroplus. Todo esto pretende generar un impacto positivo en el Centro de la Ciudad.

El nuevo POT apuesta por una movilidad sostenible, donde se incluye al peatón, el espacio público, el urbanismo y la seguridad vial. Donde se busca racionalizar el uso del automóvil privado y fomentar el uso de transporte masivo, colectivo y limpio; así contribuir de una manera significativa a la mejora ambiental y a la disminución de consumos energéticos en la ciudad.

La grabación de este proceso nos ha permitido conocer a unas personas muy preocupadas por el desarrollo de la ciudad y el centro, las cuales de manera clara y amena nos exponen su pensamiento en relación a los temas mencionados, sus valiosos testimonios constituyen un documento de la radiografía actual del centro, con sus aspectos positivos y en los que se debe seguir trabajando.

Por: Diego Alejandro Restrepo Urquijo

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