El documental Matices en el centro de Medellín, a través de las opiniones de los personajes refleja la realidad de muchos de los procesos que se viven en el centro de la ciudad actualmente, su contenido busca mostrar la importancia que trae la transformación y reactivación cultural, su desarrollo histórico y la conexión con los proyectos que se desarrollan actualmente en este sector de la ciudad, teniendo como locaciones lugares emblemáticos del centro debido a su valor patrimonial e histórico.  La serie de imágenes de este corto documental reflejan la belleza de las formas y la variedad de detalles que nos podemos encontrar de una manera desprevenida. Múltiples imágenes que nos relatan el pasado esplendoroso de un patrimonio que lucha por sobrevivir al paso del tiempo y los diversos pensamientos de las distintas administraciones. Un elemento inspirador es la visión del futuro que reflejan los personajes, sin dejar a un lado el pensamiento crítico, y la idea del que el centro es el barrio de todos, donde sin importar la condición económica o social podemos disfrutar de sus calles, la cultura, los espacios, las manifestaciones artísticas en distintos lugares, la diversidad de personas que lo matizan y enriquecen.

Este corto documental toca varios puntos sensibles de algunas problemáticas actuales en el centro de Medellín tales como la reubicación de los venteros ambulantes, la población LGTBI, los nuevos espacios y dinámicas en el centro de Medellín, la mirada puntal de algunos sectores como el parque Bolívar, los procesos que se desarrollan actualmente en el claustro de San Ignacio, la importancia de seguirle apostando a la cultura y la educación de los ciudadanos de a pie, a nuestros jóvenes, lo positivo que traen las trasformaciones de infraestructura sin desconocer que siempre los grandes cambios vienen de la mano de la sinergia con los ciudadanos, independientemente de su condición social.

Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad sino la convivencia constituye otro de los temas tocados en una manera clara en este corto documental.

Entendiéndose que la convivencia se construye con proyectos de urbanismo social, con acciones de mejoramiento integral de los barrios más pobres, con estrategias de educación ciudadana, con intervenciones de calidad en la educación formal, con una gran apuesta por la cultura y, en especial, por la cultura comunitaria, esa que se hace todos los días desde los barrios (y que se ha hecho casi siempre sin el Estado, a pesar del Estado y contra el Estado), con un gran trabajo de comunicación pública y con la concertación y conjugación de esfuerzos entre los gobiernos nacional, regional y municipal, y de éstos con la comunidad, las universidades, las ONG, las empresas privadas.

Generar una nueva movilidad asociada al concepto de súper-manzanas sin duda es una propuesta interesante que refleja la necesidad de priorizar la movilidad peatonal y no motorizada (en bicicleta), generar de vías exclusivas para transporte público, incorporar buses articulados, consolidar el sistema de transporte masivo y generar súper manzanas para una movilidad sostenible.

Esto quiere fortalecer una ciudad que es privilegiada en temas de movilidad, es la única ciudad del país con Metro, desde el año 2011 cuenta con una línea pre troncal de Metro plus, posee el Tranvía de Ayacucho y ya inició la reestructuración de sistema del transporte público desde la gerencia del TPM y la operación de las rutas alimentadoras de Metroplus. Todo esto pretende generar un impacto positivo en el Centro de la Ciudad.

El nuevo POT apuesta por una movilidad sostenible, donde se incluye al peatón, el espacio público, el urbanismo y la seguridad vial. Donde se busca racionalizar el uso del automóvil privado y fomentar el uso de transporte masivo, colectivo y limpio; así contribuir de una manera significativa a la mejora ambiental y a la disminución de consumos energéticos en la ciudad.

La grabación de este proceso nos ha permitido conocer a unas personas muy preocupadas por el desarrollo de la ciudad y el centro, las cuales de manera clara y amena nos exponen su pensamiento en relación a los temas mencionados, sus valiosos testimonios constituyen un documento de la radiografía actual del centro, con sus aspectos positivos y en los que se debe seguir trabajando.

Por: Diego Alejandro Restrepo Urquijo

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Quince mil científicos acaban de mandar un SOS, un “aviso a la humanidad”-- si no paramos de contaminar, ¡nuestro planeta está condenado! 

Los datos son terroríficos: algunas especies se están extinguiendo a una tasa 1000 veces mayor de la normal. El 90% de la Gran Barrera de Coral está muerta o agonizante. Y los peces se han vuelto adictos a los plásticos que atestan los océanos. 

Pero los científicos han descubierto algo nuevo -- una especie de milagro que podría salvarnos. Si logramos proteger el 50% de nuestro planeta de la explotación humana, nuestro ecosistema sería capaz de estabilizarse y regenerarse. ¡Y la vida en la Tierra se recuperaría! 

Nuestros gobiernos ya han prometido proteger un cuarto del planeta, así que sabemos que es posible. Pero ¡no hay más movimientos globales que aboguen por este milagroso plan de recuperación! 

Depende de nosotros. 

Si 50 mil de nosotros contribuimos ahora, podemos hacer famosa esta propuesta, plantar cara a los grandes contaminadores y a los cazadores furtivos y conseguir que los líderes se comprometan a llegar a un acuerdo para salvar el planeta en la Cumbre Mundial de la Biodiversidad. 

Estamos destruyendo ecosistemas complejos y precipitándonos hacia un punto de inflexión que acabará con el delicado equilibrio de nuestro planeta, haciéndolo inhabitable para el ser humano. Si salvaguardamos el 50% de la Tierra, la magia de la naturaleza se desencadenará y revertirá la situación -- pero casi nadie está al tanto de la magnitud de esta crisis, ni de esta alentadora propuesta.

Ya son muchos los expertos en medioambiente que han mostrado su acuerdo con que se trata exactamente de la solución que nuestro planeta necesita en este momento. Y la cumbre de la biodiversidad de 2020 podría adoptarla como objetivo global. 

Avaaz conoce en profundidad los contextos nacionales, y tiene la visión global y la ambición necesaria para sacar adelante una gran idea como esta. Cuando lanzamos nuestra campaña por una energía 100% limpia en 2013, muchos opinaron que no era realista. Sin embargo, al cabo de 24 meses, todos los gobiernos del mundo estaban de acuerdo con nosotros. 

La exposición recoge los resultados del programa Diálogos con sentido y será abierta el miércoles 29 de noviembre en la Casa del Encuentro del Museo de Antioquia, 6:00 p.m. Estará abierta hasta enero de 2018. De este proyecto hacen parte cerca de 100 niños, niñas y adolescentes que integran la Corporación Combos, Corporación Hogar, Mesa Ambiental de la Comuna 10 y vecinos del entorno del Museo.

Un grupo de niños y niñas del centro de Medellín ha creado un mundo a través de sus sueños: Baramburi, en el que habitan cinco tribus y pueblos que dan cuenta de las emotivas, complejas y esperanzadoras voces de ese grupo sobre sí mismos y el mundo que los rodea. Y desde el miércoles 29 de noviembre lo vamos a presentar en la Casa del Encuentro del Museo de Antioquia.

Esta exposición da cuenta del proyecto Diálogos con sentido, realizado por el Museo de Antioquia con patrocinio de Bancolombia desde 2016, en el que niños y niñas del centro de Medellín participan en jornadas didácticas que, por medio de las herramientas del arte y la pedagogía, les permiten reconocerse como sujetos plenos de derechos y, a la vez, crea espacios de encuentro, diálogo y reflexión para ellos, así como de expresión de sus ideas y el mundo que sueñan. “Con esta exposición queremos presentar el boceto de un lugar que, pensamos, debería existir, y para el cual niños y niñas del centro de Medellín están haciendo su propio plan. Baramburi podría ser el centro de nuestra ciudad”, reza el texto de presentación.

baramburi dialogos con sentidoLa metodología de Diálogos con sentido planteó jornadas con esos niños y niñas en el Museo desde finales de 2016 y todo 2017, divididos en grupos durante distintos días de la semana, para que tuvieran encuentros con mediadores y talleristas, con quienes reflexionaron sobre el concepto del territorio: “Entendiendo el cuerpo propio como el primer territorio, y reconociendo en el otro un ser que tiene derecho a habitar, también, su territorio. Planteamos reflexiones que comenzaban en ellos mismos y sus capacidades y luego iban hacia el mundo que los rodea; que les ayudara a construir su identidad, a valorar la diversidad y a plantear formas de convivencia donde todos tuvieran cabida. A partir de allí, imaginaron y crearon sus casas, nuevos animales, plantas, flores, máscaras, mundos”, explica Ana Catalina Cardona, mediadora que ha acompañado este proceso. 

Así, construyeron objetos, paisajes y mundos que dan cuenta de sus propias voces y anhelos, y que pusieron en La Creación, Divertilandia, La Isla, la Tribu Tití “El volcán” y Murraka, los cinco pueblos de Baramburi. Además, un sexto espacio, el Territorio en Construcción, invita a todas las personas que quieran ayudar a construir a través de sus sueños.

“Estos espacios tienen un grado ficticio muy alto, allí viven superhéroes, hechiceros, tribus, animales mágicos, pero a la vez tienen un grado de realidad muy grande y refleja sus historias de vida. Estos niños y niñas vienen, muchas veces, de entornos hostiles, donde les hace falta afecto, donde sus derechos han sido vulnerados. Había niños que al principio del proceso no hablaban, o que al preguntarles el nombre respondían con otro. Niños que incluso podían ser una amenaza para otros, que reaccionaban de manera violenta con su cuerpo o su lenguaje. Pero lo que encontraron aquí los ha ayudado a transformarse, porque lo que encontraron aquí fue un espacio cálido, en el que sus voces son escuchadas y valoradas. Lo que encontraron aquí fue el derecho a soñar”, expone “Latolla”, mediadora de este proceso.

Para el Museo de Antioquia, un proyecto como Diálogos con sentido consolida un proyecto museal que encuentra en el arte y la pedagogía herramientas para la transformación social de Medellín: “Es necesario entender nuestros propios contextos. No existe algo como un ‘público general’ consumiendo arte; existen personas que tienen distintas historias de vida y procedencias, mucho más en una ciudad con las complejidades históricas y culturales de Medellín. Es necesario comprender que los discursos del arte se escriben desde muchos lugares, y que aprender a escuchar esos discursos es lo que nos permite reconocer la diversidad como una potencial social desde la que podemos imaginar y construir otro futuro”, concluye Jessica Rucinque, directora de Educación del Museo de Antioquia.

“Durante el montaje de un proyecto cinematográfico, quien manda es la pantalla. Hay que escuchar a la pantalla porque el proyecto ya tiene vida propia y habla”.  Esto lo dijo el cineasta español Joan González en el marco del Quinto Festival DocsBarcelona Medellín, un evento que tiene por objetivo acercar el cine documental a las audiencias de tres países: España, Colombia y Chile.

El tema principal de su clase maestra, en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, giró en torno al comienzo de una película documental. Un buen inicio es determinante, según González porque es allí donde el realizador le hace una promesa a su audiencia: “quédate, que te voy a contar algo interesante”.

En consecuencia, dice el cineasta español, “Una película no empieza con el inicio de la historia, sino con una promesa que debe atrapar al espectador, y para eso la palabra clave es el misterio”.

González explicó sus ideas a través de los inicios de varias películas documentales, todas ellas muy diversas: un coro de hombres canta a gritos en medio de un desierto helado finlandés (“Screaming men”). Un realizador de cine revela cómo se manejan los residuos nucleares en el basurero industrial más ambicioso jamás hecho por el hombre (“Into the eternity”). Un par de jóvenes italianos acompañan a su amigo con discapacidad cognitiva a conquistar a una mujer (“The special need”). Una realizadora de cine cuenta como su caballo favorito muere justo después de haberlo soñado, e intenta averiguar cómo funcionan los sueños después de soñar que ella misma morirá al cumplir 48 (“The edge of dreaming”).

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Cada una de estas obras de cine documental tiene un inicio poderoso, que genera misterio, intriga, y ganas de seguir pegado a la pantalla. “Screaming men”, por ejemplo, comienza con un grupo de hombres muy bien vestidos, caminando en un desierto helado hasta un barco en medio del hielo, como si fueran auténticos pingüinos cantantes. “The special need”, por su parte, comienza con un inocente juego entre amigos, pero pronto nos damos cuenta que todo eso es demasiado infantil para hombres que ya pasan de los 30 años, y resulta que el protagonista tiene la mente de un niño y sueña con algún día tener el cariño de una mujer.

Joan González explica que el inicio de toda obra de cine documental debería lograr tres cosas: capturar la atención, mantener el interés y sembrar una expectativa, plantear una promesa que el espectador querrá resolver hacia el clímax y la conclusión del filme. Esto es aún más importante si se tiene en cuenta que, en festivales, la mayoría de los programadores ven solo los primeros 2 o 3 minutos de cada obra para decidir si continúan viéndola. Dicho de manera coloquial: “No hay una segunda oportunidad de causar una primera impresión”.

Para tener un buen inicio, González, quien tiene amplia experiencia como montajista de cine, recomienda mirar todo el material y empezar a valorarlo. “A esta secuencia, según su fuerza dramática, la valoro con tres, dos o una estrella. Tengo que comenzar la película con una secuencia de tres estrellas, con algo fuerte y contundente, y luego se van manejando las intensidades, con picos narrativos altos y bajos”. Sin embargo, el cineasta recuerda que no hay respuestas únicas: “Hay dogmas y no los hay, más bien déjame ver la película y al final te diré si logró lo que se proponía, o no”.

En suma, dice González: “Una película es un viaje, y el inicio de la misma, es la invitación al viaje, por eso hay que saber decirle al espectador a qué se le está invitando, y que será un viaje que valdrá la pena”.

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Por Agustín Patiño 

 

 

Se desarrolló el evento de cuidadores con personas con discapacidad en Boston vive lugar ubicado en la comuna 10.

Ángela Múnera trabajadora social de la estrategia Familias Cuidadoras de la Secretaria de Salud expresó “Los cuidadores son las personas que acompañan a las personas con discapacidad severa y poca movilidad de las familias que tenemos en las 16 comuna y los cinco corregimientos de la zona de Medellín.

En esta ocasión se contó con la participación de 30 cuidadores, los cuales prestaron atención oportuna a las personas que asistieron al evento. Los servicios prestados se enfocaron en peluquería y peinado esto lo aportó el Sena.

Otra actividad a destacar es la del manejo del duelo, las implicaciones psicológicas que conlleva como se debe manejar y comunicar con los demás familiares.

En el evento se explicó qué son las juntas de atención y salud, cómo se puede disfrutar de los diferentes servicios que tienen la alcaldía y cómo pueden tratar de mejorar su calidad de vida a través de la gestión de los servicios que se prestan.

A los cuidadores que participaron se les brindó un auxilio económico para transporte además de refrigerio. Comunicó Ángela

María Cristina Poveda Ortiz presidente de la acción Comunal del barrio Bostón, uno de los 17 barrios que componen la comuna 10 la Candelaria, le contó a www.comuna10.com “Me pareció excelente este evento apoyar a las personas con discapacidad siempre va a hacer una labor a destacar y un bonito esfuerzo por parte de la Secretaria de Salud y de inclusión Social.

La organización y el proceso a destacar todas las mujeres asistentes nos hemos sentido muy bien atendidas, nuestra participación fue en la parte de la logística. Y a que hago parte del grupo de cuidadoras que está liderando la Secretaria de Salud, esto también fue posible gracias a nuestra agente primaría Alba Elsy Pineda Betancur.

Por otro lado, cabe mencionar que la Secretaría de Inclusión Social entregó equipos y herramientas a más de 100 cuidadores los cuales fueron certificados por la Alcaldía de Medellín para que continúen con la labor de cuidar a personas en situación de discapacidad. Las herramientas servirán para apoyar el crecimiento de las ideas de negocio de estas personas en condición vulnerable.

La inversión fue de unos 600 millones de pesos con el objetivo de fortalecer las unidades de negocio de todas estas personas.

Este programa fundamentalmente busca que los familiares de personas con discapacidad puedan tener posibilidades de empleo sin tener que apartarse por tanto tiempo de los seres que necesitan cuidados especiales.

Por Diego Alejandro Restrepo Urquijo

Fuimos construidos como un proyecto que congregara los imaginarios de identidad de una joven y recién independiente Antioquia; una institución que desde el arte y la cultura ayudara a recoger y divulgar los ideales de quiénes éramos como sociedad. Hoy, 136 años después, seguimos siendo una institución que se pregunta por nuestra identidad pero desde una perspectiva distinta: ¿es la historia una sola historia?, ¿es ser antioqueño, colombiano, una identidad homogénea y cerrada?, ¿a quiénes excluimos del relato oficial  y cómo podemos construir una narración diversa, incluyente y crítica que nos permita encontrarnos en medio de nuestras diferencias?

Este miércoles 29 de noviembre conmemoramos 136 años de realizar esa tarea: poner a circular ideas a través del arte, ser testigos de la evolución de nuestras propias ideas como ciudad y país, aportar a la construcción de una ciudadanía capaz de mirarse a sí misma para entender cómo cabemos todos.

Por eso, para celebrar y permitir que cualquiera recorra los relatos que hemos construido, tendremos ingreso libre para todo el público durante todo el día.

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Nuevos proyectos para Museo 360

Presentaremos y lanzaremos las convocatorias de nuevos proyectos que buscan estrechar nuestro diálogo, mediante las prácticas artísticas y la pedagogía, con el centro de Medellín y sus comunidades.

La Banca Azul: nueva estrategia de promoción de lectura liderada desde la Biblioteca del Museo de Antioquia, conjugando los universos del arte y la literatura para impactar en el centro de Medellín y las comunidades que lo habitan y visitan, reivindicando la lectura, la escritura y la oralidad como posibilidades para acceder a ideas y conceptos transformadores, empoderantes y movilizadores.
Así, la banca azul pretende no solo activar la biblioteca y los espacios internos del Museo, sino salir al encuentro ciudadano en las inmediaciones de nuestro edificio en el centro de Medellín, con talleres de lectura en distintos medios que generen preguntan y discusiones entre diversas comunidades, muchas de ellas con un histórico acceso limitado a distintos derechos culturales.
Durante el miércoles 29, en la conmemoración de nuestros 136 años, la Banca Azul recorrerá las salas del Museo con propuestas de lecturas breves. Este proyecto tiene el patrocinio de la Fundación MUV. 

Vitrinas Cundinamarca: lanzaremos la convocatoria de un nuevo proyecto para que artistas en la ciudad  intervengan las vitrinas que este año fueron creadas en la parte posterior del edificio, con la finalidad de estimular la creación contemporánea local, y estrechar el diálogo del Museo con el territorio que lo rodea y las comunidades que allí habitan.
De esta convocatoria podrán participar artistas plásticos y visuales, de las artes escénicas, danza, fotógrafos, realizadores audiovisuales, cuya práctica investigue cuestiones relativas a las prácticas artísticas en comunidad y de carácter In situ, con el fin de conectar el Museo con la territorialidad del entorno, y será realizado durante 2018.

La Esquina: este espacio, que fue habitado por primera vez para la exposición 89 noches, está ubicado entre las calles Cundinamarca y Calibío. Allí se realizarán, por convocatoria pública presentada en nuestro aniversario, activaciones quincenales los viernes, de 6:00 p.m. a 10:00 p.m., entre febrero y abril de 2018.
La Esquina es pensada como un lugar de socialización y de resistencia frente a la hostilidad de la ciudad y las dificultades para el encuentro y la convivencia, mediante estrategias festivas y lúdicas.

La Esquina y Vitrinas Cundinamarca son proyectos que haremos gracias al apoyo de ARGOS y la Fundación Argos, respectivamente. 

Un nuevo espacio temporal para Ethel Gilmour

Desde el 29 de noviembre, y durante toda la temporada de diciembre, abriremos un espacio temporal gracias a la Corporación Casa de Ethel y Jorge. Presentaremos 12 obras que dan cuenta del mundo privado y doméstico, pero también público y con una carga de denuncia política, creado por una de las más emotivas mujeres que hacen parte de la historia de Antioquia.
Este espacio, abierto a propósito del libro sobre Ethel Gilmour que está siendo presentado por Davivienda y que se puede adquirir en nuestra tienda a partir del 29 de noviembre, estará ubicado en la Sala Calibío.

 

Desde El Poblado hasta Niquía, desde Robledo hasta Santo Domingo, los semáforos o “faros” de Medellín están siendo invadidos por una clase muy singular de inmigrantes: con franelas vinotinto y tenis a la moda, decenas de jóvenes venezolanos bailan, saltan, gritan al ritmo de la música.

La difícil situación de miles de venezolanos se ha traducido en una de las migraciones más importantes en América Latina de los últimos tiempos. Los venezolanos en Medellín ya se cuentan por centenas, quizás por millares. Algunos tienen un don especial: el baile urbano por excelencia, el B-boy.

 MG 4146Son auténticos acróbatas: algunos fueron tan destacados que en la era dorada del chavismo representaron a su país en importantes competencias de Break-dance en países como Francia y España. Hoy hacen shows callejeros en los semáforos y en pasajes peatonales como Carabobo y Junín, también en el Parque de Bolívar, El Parque Lleras y el Parque de Bello.

Su arte es algo diferente para ver, pues son más bien pocos los colectivos locales de danza callejera, aunque por su puesto existen los Colectivos de Parkour Aurora y un puñado más de colectivos de afrodescendientes que le ponen ritmo a la Navidad en la Avenida La Playa.

Muchos de los bailarines venezolanos radicados en Medellín viven en pensiones y hoteles del centro, donde conviven con artesanos, obreros, prostitutas y toda clase de gente humilde del centro de Medellín. A veces se juntan de a 3 o 4 y hacen presentaciones en los semáforos, y el fin de semana, se juntan más, hasta 10 bailarines, y hacen shows más complejos en sitios de alta afluencia de público.

El B-boy callejero es un trabajo duro y se gana poco en comparación a lo que gana un bailarín de espectáculo, como los que acompañan con su baile a los cantantes de reguetón. Si no les va tan mal, logran recoger quince o veinte mil pesos para casa uno después de 9 o 10 shows de baile.

Al final del día los B-boy quedan extenuados, a veces con moretones en los codos, las rodillas y la cara. Además, las manos les quedan negras por el asfalto y llenas de ampollas. Y todavía queda caminar o pedalear hasta la pensión, con un parlante pesado a cuestas, para después contar todo el dinero y repartirlo por partes iguales para cada uno de los bailarines.

La explosión de baile de Venezuela no es solo en Medellín. Hay B-boy y B-girls venezolanos (este baile no distingue géneros) en Cartagena, Santa Marta, Cali y Bogotá. Muchos otros han viajado incluso más lejos: Quito, Guayaquil, Lima, La Paz y Buenos Aires. Todo un movimiento.

En nuestra ciudad, uno de los colectivos más sólidos es Antimotin, quienes llevan más de un año consolidando un grupo, un concepto y un show. Si quieres saber más de ellos visita su Instagram @antimotincrew o escríbeles a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

Por Agustín Patiño

Desde hace casi cuatro años, cientos de comerciantes del sector de Los Puentes se asentaron debajo del viaducto del Metro y construyeron un auténtico mercado al aire libre donde hoy se pueden encontrar prendas de segunda, electrodomésticos, herramientas de albañilería, bicicletas, muebles y hasta barberías improvisadas.

En uno de los costados de la Estación Prado hay un grupo de jóvenes, todos con la piel morena, que se arremolinan alrededor de una extensión naranja. En ella, cada uno pega un multitoma y en él conectan parlantes y máquinas de barbería. Se trata de una barbería improvisada en plena calle, donde se ofrecen servicios desde dos mil pesos (un corte rápido y parejo con la cero) hasta doce mil pesos y más, cuando la motilada viene con algún diseño tribal y pulida de la barba.

Este colectivo de barbería, como podría llamársele, fue fundado por “Yonti” y “Yosti”, dos jóvenes barberos de Apartadó, quienes han reunido junto a ellos a una importante colonia de gente joven del Úrabá. “Nosotros no somos de acá, si vemos a algún paisano en la calle, gente que conocimos allá en los barrios de Apartadó, pues intentamos ayudarle, acá le enseñamos de barbería y le dejamos ganarse sus clientes, eso sí, desde que quieran y le pongan empeño”, dicen.

La gente que viene a motilarse es bastante diversa: niños, hombres y mujeres afro, albañiles, pintores, malabaristas, lesbianas. Todo aquel que quiera un corte con máquina a la moda. “Nosotros no discriminamos, aquí viene todo tipo de gente, hasta los que uno sabe que andan en malos pasos, pero igual son gente y son clientes, nosotros miramos lo bueno, no queremos ver solo lo malo”, aseguran.

 MG 7794 copiaEntre cliente y cliente, Óscar Ruiz, uno de los aprendices de barbería, pone a sonar su equipo de sonido con todo tipo de música caribeña: reggae, champeta y reguetón. El ritmo fuerte invade a todo Prado y la sangre del Úrabá se prende: los barberos empiezan a bailar, a hacer coreografías improvisadas y a echarse chistes entre sí.

“Desde los 12 años yo ando en la calle”, dice Oscar. “Por aquí ya me conocen, nadie me molesta, ni la policía. Eso es lo bueno de ser trabajador. Yo trabajo todos los días, domingos y festivos. Mi descanso es la barbería, mi sueño es tener mi propio local”, confiesa mientras le arregla el corte a Felipe Castaño, un mecánico del centro que había pasado toda la mañana entre latas y aceite de motor.

“¿Cuánto le cobraste al malabarista?”, le preguntan a Óscar. “¿Otra vez trabajando por dos mil?” “No”, replica él, “Me dio cuatro mil quinientos”. Mientras discuten empiezan a caer gruesas gotas de agua. “Recojan todos que está lloviendo”. La Barbería La Calle, con aprendices de todo el Urabá, se levanta rápida como el rayo. “Ese es el único problema”, dice Oscar, “Cuando llueve no podemos trabajar y todavía me falta para conseguirme lo de la pieza”.

El centro de una ciudad es su corazón: punto de encuentro obligado para viejos y jóvenes, pobres y ricos, trabajadores y vagos. Todos ellos son la ciudad, Medellín, la blanca, la negra y la india. 

Por Agustín Patiño