Desde El Poblado hasta Niquía, desde Robledo hasta Santo Domingo, los semáforos o “faros” de Medellín están siendo invadidos por una clase muy singular de inmigrantes: con franelas vinotinto y tenis a la moda, decenas de jóvenes venezolanos bailan, saltan, gritan al ritmo de la música.

La difícil situación de miles de venezolanos se ha traducido en una de las migraciones más importantes en América Latina de los últimos tiempos. Los venezolanos en Medellín ya se cuentan por centenas, quizás por millares. Algunos tienen un don especial: el baile urbano por excelencia, el B-boy.

 MG 4146Son auténticos acróbatas: algunos fueron tan destacados que en la era dorada del chavismo representaron a su país en importantes competencias de Break-dance en países como Francia y España. Hoy hacen shows callejeros en los semáforos y en pasajes peatonales como Carabobo y Junín, también en el Parque de Bolívar, El Parque Lleras y el Parque de Bello.

Su arte es algo diferente para ver, pues son más bien pocos los colectivos locales de danza callejera, aunque por su puesto existen los Colectivos de Parkour Aurora y un puñado más de colectivos de afrodescendientes que le ponen ritmo a la Navidad en la Avenida La Playa.

Muchos de los bailarines venezolanos radicados en Medellín viven en pensiones y hoteles del centro, donde conviven con artesanos, obreros, prostitutas y toda clase de gente humilde del centro de Medellín. A veces se juntan de a 3 o 4 y hacen presentaciones en los semáforos, y el fin de semana, se juntan más, hasta 10 bailarines, y hacen shows más complejos en sitios de alta afluencia de público.

El B-boy callejero es un trabajo duro y se gana poco en comparación a lo que gana un bailarín de espectáculo, como los que acompañan con su baile a los cantantes de reguetón. Si no les va tan mal, logran recoger quince o veinte mil pesos para casa uno después de 9 o 10 shows de baile.

Al final del día los B-boy quedan extenuados, a veces con moretones en los codos, las rodillas y la cara. Además, las manos les quedan negras por el asfalto y llenas de ampollas. Y todavía queda caminar o pedalear hasta la pensión, con un parlante pesado a cuestas, para después contar todo el dinero y repartirlo por partes iguales para cada uno de los bailarines.

La explosión de baile de Venezuela no es solo en Medellín. Hay B-boy y B-girls venezolanos (este baile no distingue géneros) en Cartagena, Santa Marta, Cali y Bogotá. Muchos otros han viajado incluso más lejos: Quito, Guayaquil, Lima, La Paz y Buenos Aires. Todo un movimiento.

En nuestra ciudad, uno de los colectivos más sólidos es Antimotin, quienes llevan más de un año consolidando un grupo, un concepto y un show. Si quieres saber más de ellos visita su Instagram @antimotincrew o escríbeles a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

Por Agustín Patiño

Desde hace casi cuatro años, cientos de comerciantes del sector de Los Puentes se asentaron debajo del viaducto del Metro y construyeron un auténtico mercado al aire libre donde hoy se pueden encontrar prendas de segunda, electrodomésticos, herramientas de albañilería, bicicletas, muebles y hasta barberías improvisadas.

En uno de los costados de la Estación Prado hay un grupo de jóvenes, todos con la piel morena, que se arremolinan alrededor de una extensión naranja. En ella, cada uno pega un multitoma y en él conectan parlantes y máquinas de barbería. Se trata de una barbería improvisada en plena calle, donde se ofrecen servicios desde dos mil pesos (un corte rápido y parejo con la cero) hasta doce mil pesos y más, cuando la motilada viene con algún diseño tribal y pulida de la barba.

Este colectivo de barbería, como podría llamársele, fue fundado por “Yonti” y “Yosti”, dos jóvenes barberos de Apartadó, quienes han reunido junto a ellos a una importante colonia de gente joven del Úrabá. “Nosotros no somos de acá, si vemos a algún paisano en la calle, gente que conocimos allá en los barrios de Apartadó, pues intentamos ayudarle, acá le enseñamos de barbería y le dejamos ganarse sus clientes, eso sí, desde que quieran y le pongan empeño”, dicen.

La gente que viene a motilarse es bastante diversa: niños, hombres y mujeres afro, albañiles, pintores, malabaristas, lesbianas. Todo aquel que quiera un corte con máquina a la moda. “Nosotros no discriminamos, aquí viene todo tipo de gente, hasta los que uno sabe que andan en malos pasos, pero igual son gente y son clientes, nosotros miramos lo bueno, no queremos ver solo lo malo”, aseguran.

 MG 7794 copiaEntre cliente y cliente, Óscar Ruiz, uno de los aprendices de barbería, pone a sonar su equipo de sonido con todo tipo de música caribeña: reggae, champeta y reguetón. El ritmo fuerte invade a todo Prado y la sangre del Úrabá se prende: los barberos empiezan a bailar, a hacer coreografías improvisadas y a echarse chistes entre sí.

“Desde los 12 años yo ando en la calle”, dice Oscar. “Por aquí ya me conocen, nadie me molesta, ni la policía. Eso es lo bueno de ser trabajador. Yo trabajo todos los días, domingos y festivos. Mi descanso es la barbería, mi sueño es tener mi propio local”, confiesa mientras le arregla el corte a Felipe Castaño, un mecánico del centro que había pasado toda la mañana entre latas y aceite de motor.

“¿Cuánto le cobraste al malabarista?”, le preguntan a Óscar. “¿Otra vez trabajando por dos mil?” “No”, replica él, “Me dio cuatro mil quinientos”. Mientras discuten empiezan a caer gruesas gotas de agua. “Recojan todos que está lloviendo”. La Barbería La Calle, con aprendices de todo el Urabá, se levanta rápida como el rayo. “Ese es el único problema”, dice Oscar, “Cuando llueve no podemos trabajar y todavía me falta para conseguirme lo de la pieza”.

El centro de una ciudad es su corazón: punto de encuentro obligado para viejos y jóvenes, pobres y ricos, trabajadores y vagos. Todos ellos son la ciudad, Medellín, la blanca, la negra y la india. 

Por Agustín Patiño

Durante noviembre y principios de diciembre de 2017 se pueden visitar dos exposiciones de fotografía documental en el centro de Medellín: “Enterrados en carbón” de Nicolò Filippo Rosso (@nico.filipporosso) y “Al sol y al viento” de la fotógrafa y docente de la Universidad de Antioquia Natalia Botero Oliver. Ambas muestras se pueden ver en pleno corazón de Medellín: el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, en la Plazuela de San Ignacio.

El primer proyecto está compuesto por imágenes en blanco y negro de la gente Wayuu en la Guajira colombiana. Nicolò Filippo Rosso, un italiano radicado en Bogotá, ha explorado y documentado con su cámara el modo de vida de varias comunidades indígenas de nuestro país, su relación con su territorio ancestral y las dificultades que enfrentan cuando, por ejemplo, grandes proyectos energéticos amenazan su modo de vida.

El segundo proyecto está constituido por imágenes a todo color de la Colombia rural: el Chocó, Urabá, Antioquia, el Eje Cafetero, el Altiplano, zonas especialmente golpeadas por el conflicto armado y flagelos como la desaparición forzada, uno de los temas de estudio de Natalia Botero Oliver. En “Al sol y al viento”, la búsqueda de la fotógrafa antioqueña se centra en la ropa colgada, secándose al viento, como elemento narrativo y simbólico que da cuenta de las personas a quienes visten.

Esta serie fotográfica está impresa en tela y colgada en varios tendederos al interior del Paraninfo de la Universidad de Antioquia, haciendo eco del protagonista de la serie: la ropa que se cuelga como una bandera, como un símbolo de pertenencia, de resistencia frente al conflicto armado.

La plataforma de comunicaciones de la comuna 10 de Medellín conversó con los fotógrafos Nicolò Filippo Rosso y Natalia Botero sobre sus proyectos y esto fue lo que nos contaron:

Enterrados en carbon 2“Enterrados en carbón”

Las imágenes de este proyecto fotográfico fueron capturadas entre 2015 y 2016, en un proceso de inmersión donde Nicolò Filippo Rosso ha pasado varias temporadas viviendo con los Wayuu, haciendo amigos en las rancherías y ayudando a las comunidades a gestionar servicios de asistencia médica.

“En la Guajira está pasando algo muy grave y pocos medios de comunicación lo están cubriendo. Se trata de una crisis humanitaria, un asunto urgente. Pero al mismo tiempo es una situación muy compleja: los indígenas, las empresas energéticas, el gobierno regional y nacional, es decir, entenderlo todo y poder narrarlo es muy difícil y se necesita tiempo. Por ejemplo, cuando empecé a tomar fotos tuve un gran dilema: muchas de las imágenes eran muy fuertes y a veces me decía: esta persona que retraté está muy enferma, se puede morir en cualquier momento. Afortunadamente conocí a personas de la Fundación FUCAI, quienes me han ayudado en los casos más urgentes y gracias a ellos varias personas enfermas han sido hospitalizadas y han tenido asistencia médica”, relata el fotógrafo.

Las imágenes de “Enterrados en carbón” han sido expuestas en Medellín, Bogotá y varias ciudades italianas: Palermo, Milán, Torino. También han sido publicadas por el Washington Post y medios digitales como Politico.

Al sol y al viento 3“Al sol y al viento”

Natalia Botero, fotógrafa y docente de la Universidad de Antioquia, tiene una amplia trayectoria en fotografía periodística y documental. Su lente ha registrado importantes momentos en la historia del conflicto en Colombia. Uno de sus temas de interés es la reconstrucción de la historia familiar de los desaparecidos, un tema bastante complejo pues involucra una “no-presencia”, un sufrimiento, una búsqueda, una familia, un proceso legal, unas políticas de estado, el conflicto mismo.

La “no-presencia”, también se evidencia en su serie  “Al sol y al viento”. Estas imágenes muestran la ropa tendida en la Colombia rural. “La ropa ratifica una presencia, dignifica el trabajo, narra historias íntimas, familiares, comunitarias. Si no hay ropa, no hay gente, no hay vida”, dice la fotógrafa, quien al final de la muestra deja unas recomendaciones para lavar la ropa, o también podría decirse, para lavar el alma: “abre tu corazón cada día, seca al viento tus tristezas, limpia a diario tu espíritu, comparte el dolor para soliviar las cargas”.

A modo de conclusión, invitamos a todos los habitantes de Medellín a visitar estas exposiciones. Vale la pena, pues la fotografía es una herramienta narrativa y de memoria con gran poder, nos sirve para recordar, para fijar una imagen en el tiempo, para compartir historias. A través de una foto podemos viajar en el tiempo y el espacio, visitar tiempos remotos y lugares que nunca hemos pisado.

Más información:

Por Agustín Patiño

Liliana Palacio fue una de las 797 sobrevivientes del conflicto participantes de la segunda Jornada Nacional de Empleo en Medellín, gracias a la articulación entre el SENA y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

 “Vine a esta jornada porque quiero superarme, hace ocho años que no estoy trabajando y ya quiero trabajar para sacar a mis hijos adelante”, dice Liliana Palacio, con mirada de esperanza y decidida a postularse a uno de los 1.057 empleos que el sector empresarial puso al alcance de las víctimas del conflicto armado en Medellín y su área metropolitana.

Ella fue una de las 797 personas con esta condición que se beneficiaron en la capital antioqueña de la segunda Jornada Nacional de Empleo para Víctimas, como resultado de la articulación entre por el SENA y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. Además de postularse a las vacantes, las personas también se inscribieron a cursos de capacitación.

Liliana acudió a la microrrueda realizada en el centro de eventos Plaza Mayor, donde entregó su hoja de vida y se enteró de las oportunidades laborales que ofrecieron diferentes empresas de los sectores de servicios y comercio que llegaron para apoyar la política de reparación a las víctimas.

Ella es víctima por el homicidio de su esposo. Fue asesinado en el municipio de Chigorodó, en el año 2008 y a partir de ese momento su vida cambió, pues tuvo que abandonar su hogar y desplazarse hacia Medellín con sus hijos.

“Tengo cinco hijos y recibo ayuda de la Unidad para las Víctimas cada tres meses, un dinero que me dan para apoyarnos con el sustento de ellos y yo”, dice reconociendo la atención que recibe de la entidad.

Cuenta que trabaja como empleada doméstica aseo en casas “cuando me contratan y de resto me dedico a mi hogar y al cuidado de mis hijos, pero quiero superarme para no estar siempre esperanzada en la ayuda que me brinda la Unidad para las Víctimas, porque yo también me tengo que ayudar”.

Entre las ofertas laborales que se ofertaron están vacantes para asesores comerciales y de contact center, impulsadores, auxiliares de servicio al cliente, mercaderistas, guardas de seguridad caninos, operadores de medios tecnológicos, oficios varios.

Gestión interinstitucional para víctimas

El director de la Unidad para las Víctimas en Antioquia, Jorge Mario Alzate Maldonado, destaca que "ambas entidades vienen articulándose para ofrecer formación técnica y profesional a las víctimas, capacitación a microempresarios, además de gestionar oferta laboral para que estas personas encuentren una oportunidad laboral digna".

El funcionario explica que "entre la población afectada por el conflicto también hay personas con capacidad, conocimiento y experiencia, y mucho deseo de superación, que constituyen una ventaja para el sector privado que les abra sus puertas".

La Jornada Nacional de Empleo para Víctimas del Conflicto se replicó en las principales ciudades de Colombia, a través de 45 microrruedas simultáneas que ofertaron más de 4.000 empleos en todo el país.

Gracias a la intermediación laboral de la Agencia Pública de Empleo del SENA y la articulación con la Unidad para la Reparación a las Víctimas, se han gestionado 27.494 colocaciones laborales para las víctimas; otras 145.512 han inscrito su hoja de vida en el aplicativo virtual de la misma Agencia y 149.387 han recibido orientación ocupacional.

De las 13.736 colocaciones logradas en lo corrido de 2017 por el SENA, 3.330 corresponden a población afectada por hechos victimizantes durante el conflicto armado.

La Fundación

Gonzalo Mejía Marín, profesor universitario, guionista, director y productor de cine y María Teresa Llano Cifuentes, Maestra en Arte Dramático, egresados de la Universidad de Antioquia, fundan el 20 de diciembre de 2004 en homenaje a don Gonzalo Mejía Trujillo, la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, una Corporación dedicada a la formación de jóvenes en el campo del cine en el Centro de la Ciudad.

En el 2005 con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Secretaría de Cultura del Municipio de Medellín, el Instituto para el Desarrollo de Antioquia, IDEA y el Metro de Medellín, crean el “Cine Club Estación San Antonio”, un evento semanal de proyección de cine al aire libre, los días viernes a las 7 pm, en la plazoleta de la Estación, para toda la ciudad.

En el 2007 reciben un estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, F.D.C., para la producción de la película de largometraje “El Gran Sadini”, dirigida por Gonzalo Mejía Marín. Los principales escenarios estuvieron en el barrio Prado y el centro de Medellín, como el desaparecido “Billares Maracaibo”, y en las poblaciones y alrededores de Caucasia, Santa Cruz de Lorica y las Playas de San Bernardo del Viento. Para ello se contó con el apoyo del Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura, de las Alcaldías de Caucasia y Lorica, las Universidades de Antioquia, seccional Bajo Cauca, y la Universidad de Córdoba, lugar donde se realizaron talleres de “Formación de públicos” y “Productores, Directores y Actores del Bajo Cauca y El Sinú”, como parte de la preproducción de la película. 

En el 2010 la “Escuela de Cine” pierde su sede en el centro de la ciudad y comienza a trabajar en las Comunas 12 y 13, lugares que ha sufrido años de violencia. Se crea entonces para los jóvenes de los barrios de San Javier, de la América y de Robledo, el proyecto “Cine a la Cuadra: un proyecto de vecindad”. El proyecto nace con el fin de brindarle a los jóvenes de bajos recursos y de manera gratuita, una oportunidad de formarse en el campo de la realización y la actuación cinematográfica, que les permita adquirir un saber que los aleje y ayude a entender el conflicto armado que se vive en los barrios, y acompañarlos en una formación en Derechos Humanos y Convivencia Ciudadana.

Regreso al centro

Hoy, la Escuela de Cine Gonzalo Mejía ha regresado a su lugar de origen, el centro de la ciudad, y cuenta con una oficina en la casa de espacio compartido “Plazarte” en el barrio Prado.  En este momento se avanza en un proceso de formación de 120 personas de todas las edades que asisten al semillero de actuación para adultos, los días viernes de 4 a 8 p. m. en el Centro para la Paz y la Reconciliación, CEPAR. Los días sábado los talleres para guionistas, directores y productores en la Biblioteca de Empresas Públicas de Medellín, y en el barrio San Diego, con el apoyo de la Acción Comunal, 25 niños de la zona de Niquitao, se benefician de un taller de actuación. Los días domingo de 9 a. m. a 1 p. m. en la “Casa de Afrodescendientes” del barrio Prado, trabaja el Laboratorio de actuación con personas de 15 a 60 años.

Son en total unas 120 personas de diferentes edades y barrios de la ciudad que se benefician de manera gratuita de estos talleres de formación que tienen como objetivo principal dar a los jóvenes: “Herramientas para la Vida”.

Cine a la Cuadra, en 2017, es un proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura, de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Este año, el proyecto tiene como tema principal a investigar y plasmar en los productos audiovisuales el “Centro de Medellín: Habitat e Identidad”. María Teresa Llano Cifuentes, directora del proyecto nos dice al respecto: “Al finalizar este año espero que los semilleros tengan conocimiento y practica de las técnicas principales, y que los del laboratorio hayan adquirido más y mejores conocimientos. Que hayan reflexionado sobre el centro de la ciudad y que hayan podido socializar con personas afines al cine, para que a mediano largo plazo formar sus grupos de producción para crear sus obras”.

Los alumnos han realizado en la clase de investigación un proceso de acercamiento a los diferentes temas que caracterizan al centro de la ciudad, para tratar de plasmar su reflexión en un guión audiovisual que muestre de manera creativa algunos de esos temas problemáticos que caracterizan los espacios del centro de Medellín.  

Danny Rocio, estudiante de actuación dice que: “Los talleres de formación se han convertido en un escenario de aprendizaje transversal a nuestras vidas. Nos toca pensar en nuestra cotidianidad en el Centro de la Ciudad. Ver, observar otras personas y formas de vida. Visibilizar todos esos sentires mediante la personificación desde la actuación”.

Jaime Andrés Jaramillo asegura que los talleres: “Significan confianza en mí mismo y conocimiento nuevo para emprender un sueño que tuve desde niño: actuar.”

Sebastián Bedoya expresa: “No existen barreras entre nosotros; somos diferentes en cada sentido, pero idénticos en nuestras ganas de aprender, de empoderarnos de lo que conocemos del Centro y de explorar una nueva forma de hacer arte y nuevos amigos”. 

Diego Restrepo profesor del semillero de guion y técnica nos cuenta que los talleres para los jóvenes: “Son una ventana abierta, para tratar de encontrarse y hacer realidad sus sueños audiovisuales”.

Eddy Orrego, profesor del taller de Dirección de Fotografía nos cuenta que: “Trabajar con los jóvenes de Cine a la Cuadra es al mismo tiempo enseñanza y retroalimentación, no solo compartiendo un conocimiento sino múltiples visiones cuyo reto es plasmarlas a través del lente”.

Estamos tratando de encontrar unos parámetros claros que nos permitan asir ese universo llamado Centro, para desde el lenguaje audiovisual, hacer una relectura y poder construir puentes de comunicación y expresión que visualicen los problemas principales que aquejan a nuestro centro de Medellín.   

Por Gonzalo Mejía Marín

Cientos de historias compartidas por la comunidad sobre sus vivencias en los Alumbrados Navideños, en 50 años de llenar de colorido y fantasía a Medellín, aportarán la energía simbólica con la que se encenderán los Alumbrados de la ciudad este sábado 2 de diciembre en el Parque de los Deseos.

“Recuerdo que cuando era niño iba con toda mi familia a ver los Alumbrados y a jugar con los chorritos de agua de EPM”, narra Alejandro Montoya en el sitio web www.alumbradosepm.com, que abrió un espacio para la interacción y la construcción colectiva de esos momentos inolvidables en estas cinco décadas de los Alumbrados.

El Gerente General de EPM, Jorge Londoño De la Cuesta, destacó la participación de la ciudadanía, que en sus relatos reconoce la importancia de los Alumbrados Navideños como promotores del encuentro con los seres queridos, que incentivan valores y han ayudado a mantener las tradiciones decembrinas. “Invitamos a todas las familias para que nos acompañen este sábado 2 de diciembre, a partir de las 6:00 p.m., en el Parque de los Deseos, y juntos encendamos los Alumbrados Navideños de Medellín, como una demostración de cariño en este aniversario de oro”.

Sabías qué...

  • Los Alumbrados Navideños de Medellín tiene este año 37 millones de bombillas LED, con la última tecnología en uso eficiente de energía.
  • Los Alumbrados Navideños de Medellín en los 38 días que permanecen encendidos consumen cerca de una hora del consumo anual de energía de la ciudad. 
  • La manguera luminosa LED del Alumbrado tiene 1.130 kilómetros, que equivale casi a la distancia entre Medellín y Quito, Ecuador. 
  • Para elaborar las 50.000 figuras que componen los Alumbrados se usaron 15,5 toneladas de papel metalizado y 226 toneladas de hierro.
  • “Estamos de fiesta” es el concepto de los Alumbrados para 2017 y busca recrear los momentos que se viven en una celebración, con la comunidad como invitada especial. 
  • Las fotos y los videos que tomen y graben la gente se pueden etiquetar en las redes sociales con #AlumbradosEPM para interactuar, compartir y construir juntos la historia de los Alumbrados en sus 50 años.
  • El ingreso al Parque Norte para ver los Alumbrados Navideños es gratuito. Sin embargo, como es natural, si la ciudadanía quiere usar las atracciones mecánicas del Parque deberá comprar, como ocurre hoy, los tiquetes.
  • En el Parque de los Pies Descalzos, en inmediaciones del Edificio EPM, se ubicó la figura más grande de este año: un Árbol de Navidad de 24 metros de alto.
  • En el cerro Nutibara se puede admirar un ponqué de cumpleaños de 16 metros.
  • En el Edificio Miguel de Aguinaga, antigua sede de EPM, se iluminó de nuevo este año, como hace 50 años, para rendir un tributo a los primeros Alumbrados.
  • En 2017 también se pueden ver Alumbrados de EPM en 14 municipios ganadores del concurso Encendamos la Alegría. Esta fiesta navideña se vive en las localidades de Angelópolis, Arboletes, Barbosa, Buriticá, Cañasgordas, Caracolí, Cisneros, Guadalupe, La Pintada, La Unión, Peque, Salgar, San Pedro de los Milagros y Santa Rosa de Osos, cuyos habitantes cocrearon las temáticas de la decoración.

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Esta producción es la historia de 3 personas que habitan la comuna 10 y que cuentan su proceso de construcción de un mejor futuro pese a su difícil pasado, atravesado por problemas de violencia, drogas y abuso.

Diego, Ángela y Fabián narran momentos difíciles y dolorosos de sus vidas que en distintos momentos sucedieron en la comuna 10 La Candelaria.

 

Detrás de cámaras


   Ver el Video completo: A pesar del pasado

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Esta producción es la historia de 3 personas que habitan la comuna 10 y que cuentan su proceso de construcción de un mejor futuro pese a su difícil pasado, atravesado por problemas de violencia, drogas y abuso.

Diego, Ángela y Fabián narran momentos difíciles y dolorosos de sus vidas que en distintos momentos sucedieron en la comuna 10 La Candelaria.

La escenografía de sus vidas durante ese tiempo fue la calle, un parque, una banca, la esquina... y los personajes secundarios todas las personas que de alguna manera resultaron involucrados, algunos haciendo parte del dolor, del abuso, del mal trato, del rechazo, de la adicción... y otros haciendo parte de la solución a esos problemas.

Esas historias de dolor están atravesadas por acciones delincuenciales u otras que no serán catalogadas como tal pero que inhiben la sana convicencia generando nuevas cadenas de mal trato y abuso.

Sinopsis:

op Ecard convivencia 01 1Diego, un joven con una vida normal se ve involucrado en el mundo de la drogadicción, lo que genera un decaimiento emocional profundo, lo cual lo lleva a situaciones caóticas y angustiantes.

Ángela, una mujer que a pesar del abuso y las condiciones de vida complejas, derivadas de una infancia lejos de la protección de sus padres emprende un camino de lucha y cambio que la convertirán en una artista y un ejemplo de vida.

Fabián, un joven con problemas psiquiátricos y de aprendizaje, que por problemas de violencia intrafamiliar terminó en la calle, convirtiéndose en drogadicto y delincuente. Desde 2013 decidió dejar la drogadicción y trata de salir adelante.

Una producción de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía para la Secretaría de Seguridad y Convivencia de la Alcaldía de Medellín. 2017

 

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Ver también: Detrás de cámaras de A pesar del pasado
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